Del desecho del aceite a la depuración de aguas: nanopartículas magnéticas para descontaminar

La Universidad de Alicante presenta un proyecto para convertir el desecho del aceite en un potente descontaminador de aguas. Ese es el proyecto que están desarrollando en su Grupo de Investigación Residuos, Energía Medioambiente y Nanotecnología a partir de una tesis doctoral.

El trabajo de Blanca Calderón, dirigido por los investigadores de la UA Andrés Fullana e Ignacio Aracil, buscaba aplicar las nanopartículas de hierro para distintos programas ambientales. Según explica Fullana, una de sus ideas era fabricarlas a partir de un material que fuese de tipo ecológico. «Pensamos en utilizar el alpechín porque tiene muchos polifenoles», señala. De ese residuo líquido que surge tras el proceso de generar aceite de las olivas, se podían aprovechar las mencionadas sustancias químicas para conseguir sus nanopartículas».

Los estudios preliminares les indicaron que iban por buen camino, ya que ofrecían «unos datos muy buenos respecto a las otras que se fabrican». Y, además, contaban con otra gran ventaja. El alpechín es un «material sin destino», considerado altamente contaminante, que debe gestionarse adecuadamente. «Teniendo en cuenta que España es el mayor productor de aceite de oliva del mundo», tenían mucha materia prima con la que trabajar para conseguir lo deseado.

Con las nanopartículas de hierro metálico han sido capaces de tratar el agua y eliminar pesticidas; metales pesados como cromo, níquel, cobre o zinc; o incluso otros contaminantes que generen olores. Lo importante en su caso es que a ello se le añade que lo consiguen a muy bajo coste. «En la práctica, estas nanopartículas se fabrican con otro producto, un compuesto químico cuyo coste en mercado oscila entre los 40 y 50 euros por kilo», razona Fullana. En cambio, con la técnica de la carbonización hidrotérmica, o HTC, aseguran que el coste se quedaría en un euro por kilo.

La gran diferencia de precio que supone es uno de los factores del que presumen sus responsables. Además, subraya Fullana, el proceso del que parten «es mucho más bueno para el medio ambiente porque no utilizas otros productos químicos para fabricarlo sino un material de origen orgánico, en este caso el proveniente del alpechín». Como resume, «te deshaces de un residuo que es un problema y, encima, es una materia prima muy buena porque su capacidad para eliminar metales es mejor que la de otros compuestos más caros».

Gracias a este método tienen claro que es mucho más accesible la descontaminación de agua en lugares donde no se pueden permitir grandes inversiones. Y, destaca, por la rapidez con la que actuaría. Simplificando, la Fullana lo compara a echar una cantidad similar a un pellizco de sal y que en diez minutos el agua ya se pueda beber.

La llegada al mercado de esta alternativa aún está en fase de estudio. Como recuerda Fullana, la tesis doctoral de la que partió la investigación se leyó en junio de 2017. Según sus estimaciones, el cálculo realista lo situaría en 2020 o 2021. Pero eso sí, puntualiza, cuando haya una empresa interesada en comercializarlo. De momento, han recibido ya varias ofertas interesadas de firmas que trabajan con el alpechín para estudiarlo.

El siguiente objetivo que se plantean es facilitar el acceso de esta tecnología a otros países. Para ello están estudiando con qué otros materiales se podría sustituir los polifenoles del alpechín. «Estamos investigando si se puede hacer con café, cacao o plátano», explica Fullana. Los que menciona son cultivos tropicales no por casualidad, su idea es abordar áreas en los que el tratamiento de aguas es más difícil. Frente a los problemas que se tienen que abordar en determinadas zonas, como la construcción de grandes infraestructuras para la depuración, esta sería una alternativa que promete una mayor viabilidad en ese sentido.

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