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Una apuesta sin vuelta atrás: la gestión inteligente del agua

La planificación de recursos de agua tiene ahora otro paradigma de actuación

La aparición de una serie de normativas, programas y acuerdos internacionales y europeos en materia de agua, clima y medio ambiente, en estos últimos años, ha iniciado un camino sin vuelta atrás en materia de gestión hídrica. La planificación de recursos de agua tiene ahora otro paradigma de actuación.

El esquema tradicional que apostaba por el incremento de la oferta como medida principal en la planificación de los recursos de agua, ha dado paso a la gestión inteligente de la demanda como principio rector de las actuaciones en esta cuestión. Lo primero es hacer recuento preciso de la oferta y demandas existentes, intentando acomodar la segunda a la primera. Y en caso de no poder cuadrar estas cifras, diseñar medidas que contemplen, como criterio básico, el aprovechamiento de lo existente en el territorio, la gestión responsable del recurso, evitando la petición de agua foránea y la afección que ello supone a la dinámica natural de otros espacios geográficos, puesto que ello termina por convertirse en motivo de enfrentamiento entre comunidades.

Este esquema de actuación debe ser asumido en las diferentes escalas administrativas (estatal, regional y local). Muchos países europeos planifican sus recursos de agua, desde hace años, bajo estos principios. Y las ciudades, como territorio más próximo a los ciudadanos, los han asumido como objetivos irrenunciables de su gestión territorial y ambiental. Basta comprobar el listado de ciudades más sostenibles y con mayor calidad ambiental de nuestro entorno para darnos cuenta de que la buena gestión del agua es una pieza fundamental en esta clasificación.

En España nos cuesta un poco más. Nuestra habitual manera de planificar y gestionar los recursos de agua, desde la oferta, supone costumbres que son difíciles de cambiar de la noche a la mañana. La apuesta por la gestión de la demanda en la planificación del agua no admite retorno. El contexto actual y futuro de calentamiento global va a condicionar las políticas del territorio y del agua en las próximas décadas. La adaptación a las nuevas condiciones de lluvia y temperatura en el área mediterránea no permite aplazar mucho más las medidas a tomar.

Las ciudades tienen que ir incorporándose a la corriente de la sostenibilidad y la resiliencia como acciones esenciales de la planificación urbana. Y el agua es una pieza esencial de este proceso. La utilización, al máximo posible, de las aguas depuradas para usos urbanos, la construcción de depósitos pluviales en las viviendas para aprovechar el recurso de la lluvia, por escasa que sea, la instalación de tanques de tormenta para disminuir la vulnerabilidad y la exposición ante episodios de lluvia intensa que se prevén más frecuentes en el futuro próximo, el crecimiento urbano adaptado a los recursos de agua existentes y que, en ningún caso, exceda en una década umbrales de transformación por encima del veinte por ciento de la superficie ya urbanizada.

Son medidas racionales, sensatas, que asumen las sociedades avanzadas como prácticas cotidianas en la gestión territorial y ambiental. Querer mantener paradigmas ya superados en la planificación de los recursos naturales, no hace sino condenar a los territorios a ocupar lugares alejados de las decisiones estratégicas del mundo globalizado, a ser territorios que pierden.

Jorge Olcina Cantos

Universidad de Alicante

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