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Familia de Anopheles gambie, mosquito transmisor de la malaria.

Eliminar el principal transmisor de la malaria no tendría efectos medioambientales

Un equipo de investigadores ha descubierto, combinando estudios sobre la principal especie de mosquito transmisor de la malaria, que no hay ningún animal que dependa en exclusiva de él para alimentarse. Los científicos, por tanto, concluyen que las poblaciones de este insecto podrían ser reducidas o incluso eliminadas por completo sin que los ecosistemas donde viven se vieran afectados negativamente. Eliminando sólo esta especie (Anopheles gambiae), se podrían reducir de forma drástica los nuevos casos de malaria que, en el año 2016, fueron más de 216 millones y murieron entre 450.000 y 730.000 personas, la mayoría eran niños de menos de 5 años.

Hasta ahora se había probado un gran número de estrategias para eliminar o reducir los casos de malaria. Una de las soluciones más prometedoras, sin embargo, es la utilización de mosquitos modificados genéticamente para eliminar completamente algunas poblaciones locales. En el África subsahariana, donde se producen la mayoría de casos de la enfermedad, sólo unas cuantas especies de mosquitos de entre los cientos que viven son considerados vectores de la enfermedad. Es por ello que un equipo de científicos del Imperial College London (Inglaterra) inició el programa Target Malaria, que se centraba en el estudio de la A. gambiae, considerado el principal transmisor de la malaria, para estudiar su eliminación. Su trabajo, publicado en la revista Medical and Veterinary Entomology, se centró en la predicción de los efectos de la desaparición de esta especie en los ecosistemas donde vive. Esto les llevó a revisar muchos estudios anteriores para ver qué papel juega.

Los resultados, prometedores para sus objetivos, mostraron que, aunque hay algunos animales que se alimentan de estos mosquitos, también se alimentan de otras especies y de una gran variedad de insectos diferentes y, por tanto, no hay ninguno que necesite la existencia de estos mosquitos en concreto para su supervivencia. Como son pequeños, difíciles de capturar y casi siempre se mueven de noche, no son una presa que recompense los esfuerzos ni de otros insectos ni de los vertebrados. Algunos sí que comen, a menudo por accidente, pero los investigadores no han encontrado ninguna prueba de que sean un elemento esencial de la dieta de ninguna especie en las zonas que habita, ni en su forma adulta ni en la larvaria

Sus competidores

Por otra parte, como es lógico, los científicos también estudiaron cuáles eran los competidores de este mosquito. Si una especie desaparece de un ecosistema puede provocar que sus competidores, esencialmente los que obtienen su alimento de la misma fuente, se podrían multiplicar para ocupar el espacio que han dejado. Esto podría ser un problema porque, dependiendo de la especie de mosquito que ocupara el del Anopheles gambiae, el peligro de la malaria podría ser sustituido por otros como, por ejemplo, la fiebre amarilla.

Esta es su principal preocupación aunque los estudios que han hecho hasta ahora y la experiencia de campañas anteriores de eliminación de mosquitos ha tenido resultados contradictorios. De momento, el proyecto Target Malaria comenzará un estudio de 4 años liderado por las universidad de Ghana y de Oxford (Inglaterra) para investigar la A. gambiae en uno de sus hábitats naturales y ver si este descubrimiento, que podría salvar la vida a millones de personas, es una solución factible a uno de los males más antiguos de la humanidad. Món Planeta

Redacción iambiente

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