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La separación de residuos es una de las formas propuestas para reducir la emisión de metano.

El control de la emisión de metano es clave para reducir el ozono atmosférico

El metano (CH4), el principal componente del gas natural, es el segundo gas de efecto invernadero más importante del mundo después del dióxido de carbono. Además, es responsable de la formación de otro gas de efecto invernadero, el ozono (O3).

El metano tiene efectos muy perjudiciales para los ecosistemas, la productividad agrícola y la salud de las personas. A eso sumar que se queda en la atmósfera durante mucho menos tiempo que el CO2 pero tiene una capacidad mucho mayor de calentar la atmósfera a corto plazo. Mientras el ozono y otros contaminantes climáticos de corta duración permanecen en la atmósfera durante unos quince años, el CO2 se queda durante aproximadamente un siglo.

Desde el inicio de la Revolución Industrial, las concentraciones de metano en la atmósfera se han multiplicado por dos. Estas han vuelto a aumentar durante la última década después de un periodo de estabilidad. Según el Centro de Investigación Conjunto de la Comisión Europea, las emisiones mundiales de metano aumentaron un 17% entre 1990 y 2012 mientras las de CO2 aumentaron un 53%.

Durante los años 90, las emisiones de metano de los países de la Unión Europea cayeron, pero durante los últimos quince años el descenso ha sido mucho más pequeño. Si no se reducen, en 2050 podrían ser responsables de entre cuarenta mil y noventa mil muertes anuales más que a día de hoy. Un estudio del Centro de Investigación Conjunto afirma que las emisiones de metano de origen humano no son sostenibles. En él se proponen formas baratas, e incluso económicamente beneficiosas, de reducirlas en un espacio de tiempo relativamente corto.

Medidas para reducir el metano y ozono

Aproximadamente el 60% de las emisiones mundiales de metano provienen de vertederos, aguas residuales, actividades agrícolas y la producción y el transporte de combustibles fósiles. Yendo a la raíz del problema, se podría reducir de manera muy importante la cantidad total de metano emitida y, además, las concentraciones de ozono. Así lo afirmaron miembros del Centro en el informe presentado en la conferencia mundial de salud y polución del aire de la Organización Mundial de la salud. Según explicaron, las reducciones más importantes se podrían conseguir siguiendo estas instrucciones:

  • Reducir el consumo de energía, sustituir los combustibles fósiles y mejorar la infraestructura de producción y distribución de gas y derivados del petróleo para evitar fugas.
  • Potenciar al máximo la separación y el tratamiento de residuos en vez de utilizar vertederos para los desechos biodegradables. Las emisiones provenientes de esta actividad podrían llegar a ser un 61% de las totales en 2030 y, de estas, el 12% se podrían eliminar a coste cero o, al menos, relativamente bajo.
  • Seguir las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación para la mejora de la salud animal y de la eficiencia de la producción de leche y carne. Introducir cambios en la dieta y la vacunación de los animales, por ejemplo, podría reducir el metano emitido por la digestión de los rumiantes, que se produce por fermentación entérica y genera metano.
  • Animar y ayudar a los países en vías de desarrollo para que su producción y gestión de residuos y combustibles fósiles se haga de una manera más cercana a las de las regiones más desarrolladas.

Los plazos de 2020

La Unión Europea está encabezando los esfuerzos a nivel global para combatir el cambio climático y reducir las emisiones de Gas de efecto invernadero. El primer objetivo es reducir, de cara al 2020, estas emisiones un 20% respecto a las de 1990, y se ha propuesto llegar al 40% en 2030. Este es el compromiso más importante de las instituciones europeas en el cumplimiento del Acuerdo de París de 2015, el marco legal del que ya está siendo adoptado. En su declaración sobre el Informe de Emisiones de Metano, la Comisión Europea también anunció su intención de revisar sus emisiones de metano y valorar las opciones disponibles para reducir la concentración de ozono en la Unión Europea y promover la emisión de metano a nivel global.

Sin embargo, las emisiones europeas de metano son solo el 6% de las de todo el mundo. Por tanto, los esfuerzos de las instituciones del continente para reducirlas no son suficientes para cambiar la tendencia mundial. Es necesaria la cooperación mundial, no solo por el clima sino por los efectos en la salud de las personas. Llegar a los objetivos acordados en París reduciría en gran medida las concentraciones de metano en todo el mundo, dejando la exposición de la población mundial al ozono a los niveles de 2010. Món Planeta

Redacción iambiente

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