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Ciudad del Cabo

Ciudad del Cabo y la escasez grave de agua en el siglo XXI: ¿estamos preparados?

Sudáfrica está lejos de ser un país con equidad social, 27 años después de la abolición del apartheid. Un ejemplo claro de esto es Ciudad del Cabo, donde el 40% de su millón de hogares recibe un subsidio para poder acceder a los servicios básicos de suministro y saneamiento de agua por falta de recursos económicos.

El sistema de de abastecimiento de agua en la ciudad es bastante complejo. Se nutre de seis embalses, que dependen directamente de las lluvias, con un volumen suficiente para garantizar el agua en la ciudad durante dos años. El sistema está diseñado para que sólo haya déficit grave dos de cada cien años. Sin embargo, dos episodios de sequía han puesto a prueba el sistema durante los últimos quince años, generando una crisis muy grave entre 2015 y 2017.

El fenómeno conocido como “El Niño”, relacionado con las corrientes oceánicas y la diferencia de temperatura en el Pacífico, genera impactos a la climatología de todo el planeta. En el caso de Ciudad del Cabo, provoca unos sistemas de altas presiones que reducen considerablemente las precipitaciones en la zona.

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‘El Niño Godzilla’

En 2016 tuvo lugar “El Niño” más intenso que se ha registrado nunca y que, en el ámbito académico, es conocido como “El Niño Godzilla”. Provocó un descenso significativo de las lluvias que alimentan el sistema de embalses y, de paso, una caída de las reservas durante tres años seguidos en que las precipitaciones se redujeron hasta un 60%. La estrategia de las autoridades para hacer frente a esta crisis tenía tres ejes: gestionar el nivel de los embalses, reducir la demanda e incrementar la oferta de agua disponible.

La clave del éxito en la gestión de la sequía pasó por la reducción efectiva de la demanda. En Ciudad del Cabo, el 70% del agua es para uso doméstico, y es por eso que se priorizó el trabajo sobre los ciudadanos, con acciones de divulgación y otras más drásticas que tenían un componente de presión social importante. El volumen de agua disponible se redujo de 300 a 125 litros por persona y día.

El lujo de una ducha

Esta medida, que se aplicó de forma gradual, fue acompañada de una fuerte campaña en los medios que quería crear conciencia del consumo de actividades cotidianas y se ponía límites. Así, tomar una ducha de quince minutos o tirar de la cadena cinco veces al día se convirtió en un lujo.

También se impusieron tarifas punitivas a los usuarios que sobrepasaran el consumo asignado. Además, aquellos que excedían recibían una carta de aviso y, si reincidían, la compañía de agua les cambiaba el contador de agua por un regulador de caudal, con el gasto a cargo del cliente. Estos reguladores, ubicados en la calle, eran de color diferente, por lo que los vecinos sabían que no respetaba las regulaciones en el uso del agua, motivo de vergüenza social. En cinco meses se instalaron 60.000 reguladores. Siguiendo esta misma línea de presión social, el ayuntamiento creó una web llamada City Water Map, donde cada casa de la ciudad aparecía representada de un color diferente según su consumo de agua.

Acuíferos vs. desaladoras

Otra estrategia fue buscar otras fuentes de abastecimiento, pero los esfuerzos no lograron cambios a corto plazo. Por un lado, se planteó el uso de plantas desaladoras, pero la operación era demasiado costosa y proporcionaba unos volúmenes de agua muy lejos de solucionar el problema. Por otra parte, se exploraron fuentes de agua subterránea. Un acuífero profundo cercano, que se calcula que contiene mil millones de metros cúbicos de agua, podría haber contribuido a mejorar la situación. El lobby ambientalista, sin embargo, se opuso porque se encuentra en una zona sensible. Las autoridades continúan trabajando en esta dirección, pero, ya que un uso puntual del agua de este acuífero podría mejorar la resiliencia de Ciudad del Cabo ante los retos a corto plazo.

Finalmente, otra medida, tomada para disminuir el consumo de agua, fue reducir la presión de los sistemas municipales de abastecimiento. Según las autoridades, esta acción tan sencilla redujo notablemente las pérdidas que hay en los sistemas de distribución a través de malas conexiones, grietas o fracturas, pérdidas en grifos mal cerrados…

La reutilización

Actualmente, a pesar de la recuperación de las reservas, las autoridades procuran que el consumo no vuelva a los niveles anteriores y aprovechar la conciencia generada. Además, se está trabajando una estrategia para la resiliencia que contempla, entre otros, la reutilización de las aguas servidas, una oportunidad importante y más económica medidas como la desalación. Actualmente, sólo se reutiliza un 10% de estas aguas para irrigación de cultivos.

En Cataluña, el consumo de agua es bastante bajo. La ciudad de Barcelona, ​​por ejemplo, presenta un consumo de 101 litros por persona y día. Eso es una reducción del 23% respecto al de 1998. Estos datos indican un nivel de conciencia muy alto, pero esto no elimina el riesgo de sufrir episodios de escasez de agua. Estamos preparados, como ciudadanos, para enfrentarnos a episodios severos de sequía en un futuro cercano?

El autor

Sergio Gil Villalba (Granollers, 1987) es licenciado en Ciencias Ambientales por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y MSc in Water Science and Engineering por la UNESCO-IHE en Delft, Holanda. Profesor invitado en el Master de Recursos Minerales y Riesgos Geológicos (UB-UAB) desde 2013. Ha desarrollado proyectos relacionados con la gestión de los recursos hídricos en Guatemala. Actualmente es coordinador del programa de investigación en clima e hidrología en el Instituto de Investigación sobre Cambio Climático (Guatemala) y candidato predoctoral con el grupo de investigación Maimo de la Universidad de Barcelona, ​​para hacer investigación en procesos de descontaminación de aguas subterráneas. Món Planeta. S.G.V.

Redacción iambiente

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