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La posibilidad de su captura y retirada de la atmósfera para combustibles o materiales de construcción podría ser el inicio de una nueva industria global.

La captura de CO2 puede ser uno de los grandes negocios del futuro

La captura del dióxido de carbono, sea de la atmósfera o el resultante de procesos industriales, y su reconversión en productos comerciales, tales como combustibles o materiales para la construcción, podría ser una de las grandes industrias globales del futuro. Esta ayudaría al mismo tiempo a generar puestos de trabajo y nuevas posibilidades para la creación de riqueza. Y, lo que es más importante, a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero o, incluso, a reducir su presencia en la atmósfera.

Esta es la principal conclusión de un estudio publicado en la revista Nature. De elaborarlo se han encargado investigadores de siete instituciones —entre las que se encuentran las universidades estadounidenses de Princeton y California – Los Angeles y de Oxford, Leeds y el Colegio Imperial de Londres, en Inglaterra—. Se considera el mejor trabajo hecho hasta ahora en cuanto al potencial de varias formas de utilizar el CO2. Estas incluyen la elaboración de productos químicos, plásticos, materiales de construcción y también en diversas acciones de gestión forestal y del suelo.

La investigación tuvo en cuenta los procesos desarrollados durante los últimos años que tienen como objetivo el dióxido de carbono resultante de quemar combustibles fósiles y la captura directa de la atmósfera mediante procesos industriales. Además , en una aproximación muy poco habitual, también el uso de dióxido de carbono capturado de forma biológica, con la fotosíntesis.

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Quinientos millones de toneladas cada año

Según sus cálculos, cada uno de estos métodos de captura y reutilización podría utilizar quinientos millones de toneladas de CO2 cada año. Una cantidad que, de otro modo, terminaría acumulándose en la atmósfera. Sus predicciones más optimistas, sin embargo, hablan de más de diez mil millones de toneladas anuales, que tendrían un coste inferior a los cien dólares por tonelada. Sin embargo, el potencial de utilización y los costes varían muchísimo en cada uno de los procesos estudiados.

En un artículo en la página web de UCLA que se hacía eco de la publicación de este estudio, la profesora de ingeniería química y biomoléculas Emily Carter explica cómo los análisis llevados a cabo “dejan claro que la utilización de dióxido de carbono puede ser parte de la solución para combatir el cambio climático”. Sin embargo, también remarca que esto será posible “solo si aquellos con el poder de tomar decisiones en cada nivel del gobierno y las finanzas se comprometen a cambiar las políticas y proporcionar incentivos a muchos sectores”.

“La emergencia es enorme y tenemos poco tiempo para llevar a cabo cambios”, concluye Carter. Según el IPCC, aún es posible mantener el aumento de las temperaturas globales en 1,5ºC. Pero para ello sería necesario que en la atmósfera hubiera entre 100.000 millones y un billón de toneladas menos de CO2.

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Empezar a retirarlo

Como explica en el mismo artículo el director de la Escuela Smith de Empresa y Medio Ambiente de la Universidad de Oxford y coautor del estudio, Cameron Hepburn, la retirada de CO2 es “esencial para conseguir cero emisiones y estabilizar el clima”. En este sentido, reconoce que “no hemos reducido bastante rápidamente nuestras emisiones. Así que ahora también tenemos que empezar a retirar dióxido de carbono de la atmósfera”.

Además, Hepburn se muestra preocupado porque “los gobiernos y las corporaciones están trabajando, pero no lo suficientemente rápido”. Por eso cree que “la promesa” de la reutilización del CO2 podría ser un incentivo económico muy importante. Tanto en la reducción de emisiones como en la retirada de este gas de la atmósfera. Así, por ejemplo, usar CO2 para fabricar algunos plásticos puede ser muy rentable y, además, mucho más respetuoso con el medioambiente. Y el uso de combustibles derivados del dióxido de carbono podría ser un vía a explorar en los sectores que más difícil tienen poder prescindir de las emisiones, como el transporte aéreo.

Para Emily Carter, el camino lógico sería “empezar incentivando las soluciones más obvias”. Esta serían las que pueden retirar miles de millones de conos de CO2 a la agricultura, la silvicultura y la construcción. Además, recomienda “invertir agresivamente en investigación y desarrollo en la academia, la industria y los laboratorios gubernamentales”. Y así poder añadir más métodos de captura y reutilización que se conviertan en fuente de riqueza y en una salida a la situación, complicadísima, en la que nos encontramos como especie. Aleix Salvans. Món Planeta

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