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La campaña por la educación ambiental se ha presentado junto los informes sobre el calentamiento global. Los problemas de salud asociados son uno de los focos que ha puesto la ONU en la COP25

La ONU denuncia los problemas de salud que causa la crisis climática

El problema del calentamiento global repercute directamente en nuestra propia salud. Este es uno de los mensajes transmitidos en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Los dos informes presentados en la COP25, que se celebra en Madrid, denuncian que no se ponen remedios eficaces para detener este fenómeno o mitigar sus efectos.

El primero de los documentos confirma que el año 2019 pone punto final a una década marcada por registros de calor excepcionales. Estos generan el retroceso de los hielos y subidas del nivel del mar sin precedentes a nivel mundial. La actividad humana acelera estos cambios mediante las emisiones de gases de efecto invernadero.

Casi con toda certeza, las temperaturas medias del quinquenio (2015-2019) y de la década (2010-2019) serán las más elevadas de las que se tiene constancia. Y todo apunta a que 2019 será el segundo o tercer año más cálido del que se tienen datos.

Las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera alcanzaron un nuevo máximo histórico de 407,8 partes por millón en 2018. Y en 2019 han seguido aumentado. El problema, advierten los expertos de la ONU es que ese gas permanece en la atmósfera durante siglos. En los océanos es aún peor porque se mantiene durante períodos todavía más prolongados, de modo que perpetúa el cambio climático.

También se ha constatado que, desde 1993, cuando se empezaron las mediciones satelitales, la subida del nivel del mar se ha acelerado a causa de la fusión de los mantos de hielo de Groenlandia y la Antártida.

Más rápido de lo esperado

Desde Naciones Unidas señalan que hasta recientemente las predicciones sobre el cambio climático se proyectaban más allá de las generaciones que lo iban a vivir. Eso terminó. El calentamiento global ha llegado mucho más rápido de lo que se esperaba.

La temperatura global promedio se estima actualmente en 1,1° C. Esto es, un grado más por encima de los tiempos preindustriales (1850–1900) con lo que las consecuencias se están dejando notar. Los fenómenos climáticos extremos son más intensos y frecuentes, tanto como todas las consecuencias que ello conlleva.

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“Las olas de calor y las inundaciones que solían producirse una vez cada cien años son cada vez más frecuentes. Los efectos de ciclones tropicales de una intensidad devastadora se sienten desde las Bahamas hasta el Japón, pasando por Mozambique, y los incendios forestales arrasan grandes zonas del Ártico y Australia”, afirma el secretario general de la Organización Meteorológica Mundial, Petteri Taalas. Y, sin embargo, no es nada comparado con lo que puede llegar a ser.

“Si no adoptamos medidas urgentes para combatir el cambio climático ahora, todo apunta a un aumento de la temperatura de más de 3 °C de aquí a finales de siglo. Y sus consecuencias para el bienestar de la humanidad serán todavía más perjudiciales”, añade Taalas.

En este momento, estamos muy lejos de cumplir el objetivo del Acuerdo de París sobre cambio climático de mantener la temperatura media de la tierra por debajo de los 2 grados centígrados.

De lo global a lo personal

Esta vez la Declaración sobre el estado del clima 2019 dedica una parte importante al impacto de los fenómenos meteorológicos en la salud. Y con ello subrayan la gravedad de estas. Según sus estimaciones, la contaminación del aire es el origen de la muerte prematura de siete millones de personas al año.

El problema no se queda solo en la calidad del aire. Solo en 2018, la cantidad de personas vulnerables de más de 65 años expuestas a olas de calor aumentó en 220 millones con respecto a la media entre 1986 y 2005. Por tanto, señalan, proteger la salud humana de los efectos del cambio climático es más urgente que nunca.

Y, sin embargo, tampoco en este capítulo estamos haciendo mucho para prepararnos. En otro informe publicado por la Organización Mundial de la Salud se destaca que solo uno de cada cinco países han diseñado estrategias para mitigar los efectos de este fenómeno.

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El informe se basa en una encuesta llevada a cabo en más de cien países y solo el 38% de los países cuenta con recursos para ejecutar parcialmente su estrategia nacional en materia de salud y cambio climático. Según recuerda esta agencia de la ONU, menos del 10% destina recursos suficientes para su plena ejecución.

Que “la salud esté mucho más presente en las decisiones” es una necesidad. Así lo considera la doctora María Neira, del Departamento de Salud Pública de la OMS. Como participante en la COP25 demanda, mediante la ONU que se aceleren las medidas “para luchar contra el cambio climático, porque está teniendo un impacto muy negativo en la salud de las personas”.

Redacción iambiente

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