La transición a las energías limpias necesita que Asia abandone el carbón

En la COP25 se estudia el futuro de la industrialización del mundo. Al menos, como la entendemos hasta ahora. Si para crecer económicamente se necesita energía, el de dónde se obtiene marca la posibilidad de cumplir con los acuerdos de París. Naciones Unidas pide urgentemente el fin de los combustibles fósiles. Sin embargo, una de las regiones económicas de más rápido crecimiento en el mundo parece estar atrapada en el carbón. El sudeste asiático tiene en él la respuesta a sus necesidades energéticas.

La ONU está aumentando la presión sobre los países para que dejen de depender del carbón. Y así lo recuerdan en esta Conferencia sobre el Cambio Climático. El Secretario General, António Guterres, es firme sobre ello. En este año ha pedido que se impongan impuestos a las emisiones de carbono, que se acaben los subsidios estimados en billones de dólares para los combustibles fósiles, y que la construcción de centrales eléctricas de carbón se detenga para 2020. Todo, recalcan, si se quiere tener una posibilidad de poner fin a la crisis climática.

Desde Naciones Unidas son optimistas en lo que respecta a lo conseguido en las economías desarrolladas, de las que destacan que escuchan este mensaje. El problema viene de Asia. En noviembre, Guterres dijo en una reunión de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático en Tailandia que el carbón «sigue siendo una gran amenaza en relación con el cambio climático». Y agregó que los países del sudeste asiático son algunos de los más vulnerables a este fenómeno.

Asia crece con el carbón

¿En qué datos se basan? Según estudios de la Agencia Internacional de Energía, se espera que la región se convierta en un impulsor clave de las tendencias energéticas mundiales en los próximos 20 años. Millones de personas en el sudeste asiático han obtenido acceso a la electricidad desde el año 2000. Y la región está en camino de lograr el acceso universal para 2030.

En el sudeste asiático las reservas naturales son el paso previo a la extinción de las aves terrestres

Energía Sostenible para Todos, respaldada por la ONU, ha compilado datos que muestran que la región tiene el tercer mayor número de plantas de energía de carbón después de China e India. Indonesia, Vietnam y Filipinas tienen la mayor cartera de plantas de carbón de todos los países del sudeste asiático, con Malasia y Tailandia no muy lejos.

A eso hay que sumar otro factor. Están exportando el crecimiento basado en el carbón. De hecho, según sus datos, las agencias financieras estatales en China, Japón y Corea del Sur son ahora, respectivamente, las mayores fuentes de financiamiento para plantas de carbón en otros países. En particular, la locomotora china se está alimentando a marchas forzadas con una inversión que entre 2015 y 2016 estaba en 1700 millones de dólares.

La transición en el resto del mundo

En la Cumbre de Acción Climática en septiembre de 2019, los países se comprometieron a intensificar los esfuerzos para frenar el calentamiento global. El límite son 1,5° centígrados por encima de las temperaturas preindustriales. Para conseguirlo, muchas naciones anunciaron medidas para combatir la crisis climática. Entre ellas, cambiar la cantidad de electricidad producida a partir de fuentes de carbón.

La transición energética se está acelerando en todos los países

En la Unión Europea son diez los países que han anunciado planes radicales. El Reino Unido eliminaría completamente el carbón en los próximos años; Alemania, uno de los mayores usuarios de carbón del mundo, acordó detenerse para 2038; y otros ocho miembros han anunciado el fin del uso del carbón para 2030. Chile se ha comprometido a cerrar todas sus centrales eléctricas de carbón para 2040, y Corea del Sur cerrará 10 plantas para 2022.

Alternativas y riesgos

En Naciones Unidas recuerdan que para conectar a los 840 millones de personas que aún no tienen acceso a la electricidad a fuentes de energía limpia y renovable hay alternativas al carbón y otros combustibles fósiles. De hecho, subrayan que las energías renovables son ahora la forma más barata de generar electricidad en dos tercios del mundo. Más barata que el carbón y el gas natural, y, para 2030, junto a la eólica se espera que sean las principales fuentes.

El problema es el tiempo. Según alertan, incluso con la disminución en el uso del carbón y el crecimiento de energías renovables, la transición a la energía limpia no se lleva a cabo lo suficientemente rápido. Porque, recuerdan, una cosa son los compromisos climáticos y otra la producción planificada de combustibles fósiles.

Esa brecha la demuestra un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y los científicos. Los países planean producir 150% más de carbón en 2030. Y eso es tres veces más de lo que se necesita para limitar el calentamiento a 1,5°.

Los Gobiernos deben actuar

Frente a esos datos, piden acción. «A pesar de más de dos décadas de elaboración de políticas climáticas, los niveles de producción de combustibles fósiles son más altos que nunca», ha afirmado Måns Nilsson, director del Stockholm Environment Institute. En un comunicado de prensa, esta organización que participó en el estudio, recuerda que «el apoyo continuo de los Gobiernos para la extracción de carbón, petróleo y gas es una gran parte del problema. Estamos en un hoyo profundo y debemos dejar de cavar».

Con el nuevo año, Naciones Unidas lanza una Década de Acción para impulsar los esfuerzos por alcanzar los objetivos que conforman la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Con ellos recuerdan que cuando se trata de energía, el objetivo es garantizar energía asequible, sostenible y moderna para todos.

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