La Marjal, cinco años de la tecnología invisible del parque inundable

Construido para parecer un parque cualquiera, el logro de La Marjal está en esconder todas las capacidades de una de las infraestructuras ha llevado el nombre de Alicante por todo el mundo. Este sábado este parque inundable cumple cinco años desde su apertura. Y cuando no se puede visitar, debido al estado de alarma, recordar sus méritos se hace una obligación.

El origen

Esta fue la obra con la que se despidió Lázaro López. El ingeniero llevaba trabajando desde 1982 como funcionario para el Ayuntamiento de Alicante y con La Marjal se retiraba a sus 65 años. «Fue lo último que hice y es lo que más repercusión ha tenido, tanto en España como fuera», cuenta. Entre esos reconocimientos, recuerda con particular estima la mención en el premio Albert Serratosa, Ciudad y territorio.

Un trabajo en el que López destaca la labor conjunta de sus compañeros en el Área de Urbanism: «La concepción, diseño y proyecto del mismo fue obra de la un equipo multidisciplinar formado por Manuel Beltrá, arquitecto, Joan Antoni Fernando, ingeniero industrial, Carlos Domínguez, ingeniero agrónomo, Juan Carlos Ramón, ingeniero topógrafo e Iraida Camarasa, ingeniero de obras públicas».

Las claves de esta obra son cuatro: Primero la sostenibilidad, «con árboles autóctonos y que no se plantan especies extrañas».  El siguiente es lo que aporta a la resiliencia urbana, «se inunda y en una semana está listo». En tercer lugar estaría la biodiversidad que aporta. Y por último, la multifuncionalidad. Un aspecto, destaca, que se consigue precisamente después de trabajar décadas en la Administración pública: «Eso lo enseña la experiencia, el que tenga varios usos». Por todo esto cree que es tan especial. Y tras una vida en el ayuntamiento se vio que las infraestructuras fueran multifuncionales, eso lo enseña la experiencia, el que tenga varios uso. Y eso es lo que lo hace especial.

Actualidad europea

Iñaki Casals, responsable de I+D+i de Hidraqua, destaca que en la actualidad las alabanzas a La Marjal se mantienen. Él lo ha podido comprobar recientemente, con la visita de los responsables europeos del proyecto Naiades. «Y lo que valoran es el carácter multidisciplinar y completo que tiene el parque», comenta. En particular, por el hecho de que se haya puesto tanto cuidado en todos los aspectos constructivos, gestión, sostenibilidad. «En definitiva cuenta, lo completa que es la solución», apunta. Un ejemplo de ello es que sea capaz de resolver inundaciones y que además pueda controlar en tiempo real la calidad del agua.

López profundiza en el carácter sostenible, que también apoyaron en Naiades: «Se ha aumentado la biodiversidad en la zona urbana». Ese aspecto lo pudieron comprobar desde el principio, cuando vieron que más y más especies encontraban allí un lugar donde descansar y criar.  «Así vimos que dentro de la ciudad se podía cumplir una función ambiental», añade.

Ese aspecto lo han ido potenciando con especies que ayudan a evitar molestias con insectos. Es el caso del pez mosquito —la gambusia— cuyo nombre ya da pista de cuál es uno de sus elementos de dieta. Al ser larvívoro se alimenta con las larvas de este insecto. Y a eliminar ese molesto zumbido se dedican también los murciélagos. Para que sea más fácil su estancia, han instalado nidos para que este mamífero volador encuentre su sitio, como también han hecho con golondrinas y martín pescador.

Esquema de cómo funciona el llenado del parque La Marjal.

El mérito invisible

Que estos nidos no se vean es ejemplo del cuidado aplicado para mantener sus méritos invisibles. Sobre esta idea reflexiona también el director de Dinapsis, Antonio Sánchez. «Hay una capa de sistemas de gestión y coordinación que no se ve cuando visitas el parque porque cumple su función social y ambiental», valora. La combinación de tecnología, personas y protocolos es lo que cree hace tan interesante La Marjal. 

El valor de la tecnología aplicada se puso duramente a prueba en marzo de 2017 y agosto de 2019. En ambas fechas esta infraestructura demostró su capacidad para absorber las lluvias torrenciales concentradas en el tiempo. Eso sí, puntualiza Sánchez, incluso cuando se inunda no se transforma en una simple balsa que recoge el agua. «Por el diseño que se hizo del sifón, el nivel sube muy poco a poco y aunque se llene, no todos los caminos se inundan», señala.

Un ejemplo de la capacidad de absorber lluvias torrenciales concentradas en poco tiempo.

Cinco años después de su inauguración, aún sigue actualizándose. Casals resalta «la serie de elementos invisibles que cuando ves una infraestructura de un parque no te imaginas» en la que están trabajando. Su intención es «avanzar más en el control y prevención de lluvias para monitorizar el agua y la calidad del aire». Eso, y como mencionaba Sánchez, mantener el foco en las personas. «Y avanzar en el aspecto pedagógico y que los visitantes comprendan cómo funciona».

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