Los residuos urbanos intoxican en la Vega Baja el agua de regadío

La forma en la que se gestiona y trata –algunas veces mal tratada– este bien preciado es una de las problemáticas a las que se enfrenta nuestra sociedad en todo el mundo: los residuos flotantes. ¿Y cuáles son los que se acumulan en los cauces de la comarca alicantina de la Vega Baja del Segura? A esta pregunta le ha dado respuesta un equipo de investigadores de la Escuela Politécnica Superior de Orihuela de la Universidad Miguel Hernández (UMH). Han cuantificado y caracterizado dichos residuos en el agua de regadío con el fin de analizar y estimar la cantidad que se vierte anualmente.

Sistema de regadío tradicional

El sistema de regadío tradicional que se desarrolla en la Vega Baja desde la época romana está formado por una compleja red de canales de riego y drenaje. Toman el agua directamente desde el río Segura mediante pequeñas presas o azudes situadas en su cauce. Estos azudes derivan el agua a las acequias que la distribuyen a las parcelas de cultivo.

El exceso de agua de riego es recogido en canales de drenaje, llamados azarbes, que a su vez se usan como canales de riego de parcelas situadas aguas abajo. En algunos puntos del río y de los canales se acumulan grandes cantidades de residuos flotantes y ocasionan problemas de diversa índole.

La administración y control del dominio público hidráulico, en el que se incluye el cauce del río, es responsabilidad de la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS). Mientras que las acequias y los azarbes son infraestructuras que pertenecen a las comunidades de regantes, quienes se deben ocupar de su mantenimiento. Los residuos flotantes que llegan al río a través de los azarbes son objeto de control por parte de la CHS que los considera de origen mayoritariamente agrícola y, por tanto, responsabiliza a los regantes de su limpieza.

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Conclusiones de la investigación

En este contexto, los investigadores de la UMH han realizado un estudio a petición de la Dirección General del Agua (Conselleria de Agricultura de la Generalitat Valenciana). Y han identificado los puntos más conflictivos y, sobre ellos, se han realizado vuelos de dron para tomar imágenes cenitales. Mediante análisis de imagen se ha medido la superficie ocupada por flotantes y el número de residuos de distintas clases.

En dos puntos donde se producen acumulaciones importantes –en la acequia de Callosa y en el azarbe de Cebadas– se procedió a extraer los flotantes acumulados, que se clasificaron y contaron manualmente, comparando con los resultados obtenidos por análisis de imagen. En el río, entre los flotantes predominan los residuos vegetales, principalmente cañas, con más del 90% de volumen. Por su parte, en las acequias y azarbes apenas se ven residuos vegetales, sino que los envases plásticos son los elementos que se encuentran en mayor cantidad.

Por lo que, en definitiva, las conclusiones finales de este trabajo son: en acequias y azarbes apenas hay residuos vegetales. Abundan los envases de plásticos que proceden principalmente de la actividad doméstica. Y se han detectado también envases agrícolas pero, en número, representan únicamente el 3% del total.

Un problema a solucionar

En paralelo, para conocer la percepción del problema por parte de los actores del territorio, se organizó un proceso participativo sobre Residuos Flotantes en el Río Segura y sus Infraestructuras. Se celebró en el campus de Orihuela-Desamparados en abril de 2019, con la participación de todos los colectivos relacionados con el río.

Se constituyeron tres grupos focales con representación de distintos colectivos en los que se analizaron: las causas, consecuencias y posibles soluciones del problema que plantean los flotantes en el sistema. En opinión de los asistentes, los principales residuos flotantes en acequias y azarbes son urbanos y la responsabilidad corresponde a la ciudadanía en general. Aunque destacaron el papel de la agricultura en el vertido de determinados residuos como bandejas de semillero y botellas de fitosanitarios.

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La falta de mantenimiento

La responsabilidad de la CHS en la limpieza de cañas y carrizos fue motivo de debate durante las sesiones. Entre los problemas generados por los flotantes destacaron los económicos, medioambientales y paisajísticos, aunque se mencionaron, también, problemas de salud pública, sociales y legales. La mayoría de los encuestados consideró efectivas las infraestructuras de retención existentes. Pero señalaron la falta de mantenimiento como principal problema relacionado con estas infraestructuras.

Se ha estimado el volumen de flotantes acumulado a lo largo de un año en los puntos de muestreo. Y el volumen total que se recogería en la Vega Baja a lo largo de un año, sería de 6.143 m3. De los cuales se estima que 1.160 m3 proceden de la Región de Murcia y 4.983 m3 se generan en el sistema de la Vega Baja. Cabe señalar que se trata de una estimación a la baja, ya que no ha sido posible tomar medidas en otros puntos del río donde se observaron grandes acumulaciones. Como en la cadena de Formentera o en el azud de Rojales.

Redacción iambiente

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