Nathaniel Rich presenta la década en la que se pudo parar la crisis climática

Entre 1979 y 1989 el consenso científico era general. Existía un cambio climático acelerado por el hombre y se necesitaba actuar para frenarlo. El ensayista Nathaniel Rich analiza en Perdiendo la tierra (Ediciones Capitán Swing) los obstáculos que fueron apareciendo para manipular la opinión pública y a los políticos.

Rich empieza la conversación preocupándose por el avance del coronavirus en España, antes de que en Estados Unidos se decretase la emergencia nacional para frenar su avance. «Es difícil no ver algo del paralelismo con lo que está sucediendo en este momento», cuenta vía telefónica.

Como en la década que analiza, «tienes advertencias tempranas» y lo que llama «científicos gritando desde los tejados». Y frente a ellos, «muchas personas que están en posiciones de poder que, en lugar de recurrir a medidas de precaución, recurren a las ilusiones y esperan que el problema se resuelva por sí solo».

Las campañas de desinformación

Uno de los puntos destacados de Rich con este libro es su investigación sobre «la estrategia que publicaron internamente en Exxon y el American Petroleum Institute». Esos llamados libros blancos «establecieron esa primera fase de una verdadera campaña de propaganda, de presión del petróleo y gas».

La tesis de Rich en este libro ha merecido un intensa presentación en Estados Unidos. The New York Times Magazine, por ejemplo, repasó a través de su obra este periodo del que ha rescatado a diferentes personajes claves para que meditemos sobre lo sucedido. «Esa es la historia de la politización del problema, al menos en los EEUU, y los esfuerzos de la industria del petróleo, gas y carbón para tratar de frustrar cualquier tipo de política climática», denuncia.

En Perdiendo la tierra, Rich afirma que utilizaron cualquier medio que consideraron necesario para ese fin. «Predominantemente, blanqueo público, lavado de cerebro, métodos de propaganda, campañas de desinformación». Supo entonces que tenía «una historia más dramática y que no era tan conocida. Fue la historia de cómo fallamos en resolver este problema antes de que hubiera una oposición concertada».

El cambio político por la nueva generación

¿Se puede, entonces, despolitizar la crisis climática? Rich se muestra esperanzado al respecto. «Creo que ha comenzado a cambiar con bastante rapidez. En los últimos años ha habido un cambio tremendo en la opinión pública, al menos en los Estados Unidos, y en la opinión política». Y aunque, «obviamente, hay un partido que a nivel nacional está comprometido con el negacionismo climático, veo un cambio bastante profundo. Y creo que estamos en un punto de inflexión. Nos hemos alejado de la parálisis».

La causa de esa nueva percepción la encuentra Rich en una nueva ola de activismo. «Es un movimiento global y está haciendo un tipo diferente de argumento del que los activistas han inventado hasta ahora». En su libro habla de los esfuerzos de personas como Rafe Pomerance, Al Gore y James Hansen a principios de los años ochenta y sus colegas. Aquella generación apelaba a la razón: «Esencialmente, necesitamos actuar ahora antes de que sea demasiado tarde, somos estúpidos por no actuar. No tiene sentido no actuar ahora. Cuanto más esperemos, peor será. Y, por supuesto, eso es exacto».

El dilema moral

En cambio, esa nueva generación de activistas plantea un tipo diferente de argumento, uno moral. «Estos dicen que si seguimos descuidando este problema, nos estamos dirigiendo a un gran sufrimiento físico, incluso la muerte. Y que estamos traicionando los valores fundamentales que tenemos, la base de una sociedad libre. Y entonces ves más ruegos emocionales». Se pasa de esta forma del ‘Somos estúpidos por no actuar’ al ‘Si no actuamos, nos estás matando’.

Estos son razonamientos que Rich se ha ido encontrando desde que empezó a presentar Perdiendo la tierra por su país. «Escuchas a los jóvenes hablar sobre no querer tener hijos. Alguien se levanta y dice: ‘Tengo miedo de tener hijos’. O una persona mayor que dice que: ‘Mis hijos no quieren tener sus propios hijos'».

Esta apelación a la comprensión más personal y moral del problema es la que Rich cree que ha conseguido el cambio en la mentalidad americana. «Es una gran cantidad de movimiento en un corto período de tiempo. No es que los republicanos ya estén comprometidos con la política real, sino que los puntos de discusión han cambiado bastante rápido: van del nihilismo a «necesitamos plantar muchos árboles ahora». Obviamente el efecto es el mismo, nada. Pero creo que está empezando a haber cierto movimiento y comprensión de que los viejos puntos de conversación ya no funcionarán y que la opinión pública popular está cambiando rápidamente«.

Intensa investigación

Rich partió de un intenso trabajo de hemeroteca. «Traté de compilar una cronología de cada cosa que sucedió relacionada con el cambio climático durante ese período. Y también antes. Leí todos los artículos de esa década que mencionan el calentamiento global y el cambio climático. Leí todos los artículos científicos que pude encontrar en la década. Cada reunión y simposio sobre el tema. Leí un informe sobre todos los documentos internos del Gobierno que pude encontrar. Y luego entrevisté a cada persona que estaba trabajando en el tema que estuviera viva y tiene un recuerdo de ello. Así que terminé entrevistando a más de cien personas, quizás más cerca de ciento cincuenta fuentes, algunas de las cuales eran figuras esenciales».

Todo eso era solo el punto de partida. Su siguiente reto era «estructurar toda la cronología, tratando de averiguar las piezas de la historia para entender la trayectoria y quiénes eran los personajes principales durante ese tiempo». Finalmente, venía lo complicado. ¿Cómo lo presentaba de una manera atractiva? Y su bagaje como novelista vino en su ayuda.

Contarlo como una novela

«Fue la parte más importante para mí», asegura Rich. «Como escritor creo firmemente en el poder de la narrativa y la forma en que una historia bien contada permite sumergirse más profundamente en una historia complicada de lo que simplemente puede hacer un ensayo o un reportaje». Y en este punto se enorgullece porque es un camino que le sorprendió no se hubiera abierto antes. «Al menos, fuera de la ciencia ficción. Nunca ha habido narrativa no ficción. Se informa de cosas, como un reportero que va a Groenlandia y habla sobre su experiencia allí. Pero ese es un tipo diferente de escritura».

Tenía los datos y la cronología. El reto era «hacerlo a través de la narración y una íntima representación de personas reales en su vida personal». De hecho, asegura que esa fue la parte más difícil y más importante de la escritura. Y no la de averiguar «qué reuniones eran más importantes o quién dijo qué en estos encuentros, sino entrar en las vidas de los personajes principales para tratar de entender cómo lidiaron con este problema de manera personal».

Las profecías ignoradas

Por eso, Rich insiste en que «hay un drama político, pero el núcleo de la historia para mí es el trauma emocional. Pienso en Rafe Pomerance regresando a casa de sus primeras reuniones sobre el tema con su esposa embarazada y preguntándose sobre la ética de tener un hijo en un mundo que se está deteriorando de esta manera. Pienso en las crisis profesionales que sufrieron estas personas, con las crisis emocionales que tuvieron cuando arriesgaron todo para tratar de advertir de ello al mundo». Y lo compara con el trágico destino del mito de Casandra, en cuyas profecías nadie creía.

«La máquina narrativa permite al lector empatizar con los personajes. Y el lector se pone, si está bien hecho, en la mente de estos personajes», razona. A partir de ahí formula preguntas «como si esta crisis cambiará la forma en que pensamos sobre nuestras propias vidas: nuestras relaciones, nuestro futuro, nuestros sistemas de gobierno y nuestros roles en la sociedad. Esas son las preguntas que sentía que la literatura sobre cambio climático no había planteado hasta este momento. Y así, sentí mi camino: hacerlo a través de una narrativa cercana en tercera persona. En la que el autor era invisible y el lector entraba en la vida de estas personas que se enfrentaron por primera vez a estos problemas antes que cualquiera nosotros».

Redacción iambiente

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