Geografía y coronavirus: una plataforma para ayudar en la desescalada

En estos días han sido muchas las acciones que se han propuesto por distintos expertos para contribuir a resolver, de la forma más eficiente para la salud y menos lesiva para la economía, la crisis de Covid-19. Aunque, en esencia, para frenar el ritmo de contagio, utilizamos nuestra arma más eficaz, realmente la única: ponemos distancia de por medio entre nosotros.  En los foros de expertos en Geografía hemos echado en falta, desde el principio de la crisis, un enfoque espacial más afinado del problema del contagio.

El caso coreano nos ha dado la razón. Efectivamente, no hay duda, son las relaciones espaciales entre los ciudadanos las que marcan el devenir de la propagación. Marcan el lugar de dónde parte el contagio, por dónde circula el virus; indican cuáles son sus rutas preferentes, dónde encuentra las condiciones idóneas para instalarse y atrincherarse, y dónde se concentra con más fuerza.

Si utilizamos el símil bélico en esta lucha contra el virus, la estrategia indica que conocer estos datos espaciales precisos es esencial para vencer. Y nos enseña, también, que al enemigo es más difícil atacarlo a la misma vez en todo el país. La guerra se gana por batallas, por frentes, por guerrillas, acotándolo en espacios precisos, dejándolo aislado del exterior, cortando su cadena de alimentación.

El ejemplo de ‘La casa de papel’

Viendo estos días uno de los episodios de la nueva temporada de La Casa de Papel (una de esas actividades que nos mantiene unidos en este período de ya largo confinamiento), se observa el momento en el que “el Profesor”, en una escena trepidante y efectista, pretende localizar un punto exacto situado en medio del desierto de Argelia, desde el que habían trasladado a un personaje tras torturarlo. Para tirar del hilo, un conjunto de expertos realiza una reconstrucción espacio-temporal del movimiento a través de la consulta de mapas, planos, imágenes de satélite y trayectorias de vuelo que se despliegan con agilidad en la pantalla del ordenador, en un centro de operaciones inteligente.

Pues bien, esto es un SIG (Sistema de Información Geográfica), un sistema de integración y producción de datos que se interrelacionan y analizan cartográficamente para dar soluciones con un nivel de precisión sorprendente.

Para el problema que nos ocupa, las Tecnologías de Información Geográfica permiten localizar en un plano el domicilio de cada afectado. Y, a partir de este simple dato espacial (sin su nombre ni ningún aspecto invasivo de la intimidad), la plataforma cartográfica permite generar información espacial derivada de gran valor, trascendente para la guerra. Por citar algunos ejemplos, precisa dónde se localizan los focos de propagación más peligrosos, en qué espacios de la ciudad transitan de forma concurrente un mayor número de probables positivos asintomáticos y cuáles son los principales movimientos intra-urbanos de este grupo. Podemos conocer qué línea o incluso qué parada concreta de autobús o de metro es más probable que utilicen. Se puede implementar también cualquier información geolocalizada sobre movilidad agregada de la población.

La plataforma de gestión logística

La cartografía dibuja en el espacio cuáles son las zonas de muestreo idóneas para que los esperados test den resultados realmente representativos de la realidad. Señala cuáles son los espacios clave de actuación para aplicar medidas anti-propagación específicas (desinfección u otras). Una plataforma cartográfica así confeccionada puede ayudar a gestionar la logística de los recursos asistenciales en centros sanitarios o residencias de ancianos. Puede señalar cuáles son los centros deficitarios, su nivel de necesidad, y cuáles son los centros excedentarios óptimos para transferir el recurso en cuestión. Y todo ello a nivel de detalle urbano, por barrios, por calles, por edificios, por centro de salud.

Conocer con precisión la dimensión espacial del contagio es trascendente, también, para que el confinamiento sea lo menos lesivo posible para la economía y para la salud de los ciudadanos confinados. El plan de desconfinamiento, ya se ha anunciado, va a ser gradual en el tiempo, pero también deberá serlo en el espacio. Las zonas de la ciudad que se afectaron al principio de la crisis, pasan a ser zonas limpias pasado un tiempo, con una mayor concentración, además, de población inmunizada. Se puede delimitar en el plano, a nivel de barrio, de calle, qué vecinos pueden comenzar a pasear a sus hijos, qué negocios pueden abrir al público. Igualmente, la precisión en la delimitación espacial permite estar alerta sobre dónde, en qué punto concreto, se producen los posibles temidos repuntes. Si se acota en el espacio al enemigo, es, sin duda, más fácil reducirlo.

Una visión urbana sobre la crisis del coronavirus

Una oferta consolidada

Expertos y expertas en Geografía de diferentes universidades de todo el país llevamos semanas ofreciendo a los expertos y autoridades que están al frente de la gestión sanitaria de la epidemia esta herramienta trascendente de apoyo a la decisión. Ofrecemos nuestra formación científico-técnica, y, apoyados por la empresa ESRI España, nuestros laboratorios cartográficos. Nuestra relación con la investigación en riesgos naturales y tecnológicos es larga y consolidada. Nuestro vínculo con la cartografía de datos epidemiológicos se remonta a 1832. Ese año, el geógrafo francés Charles Picquet plasmó cartográficamente por primera vez los datos epidemiológicos del cólera, ya a nivel intraurbano, en cada uno de los 48 distritos de París.

La Geografía, como ciencia de la información territorial y de la cartografía temática, quiere poner su experiencia en análisis espacial de procesos de riesgo al servicio de la sociedad española. Pongamos entre todos al virus en su sitio. Pongámoslo en el mapa.

María Jesús Perles Roselló
Coordinadora del proyecto sobre Cartografía de riesgo de propagación de la pandemia Covid-19 en entornos urbanos

Jorge Olcina Cantos
Presidente de la Asociación Española de Geografía (AGE)

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