Del CatDonalds a los CatHotels: las cadenas de alimentación y alojamientos para gatos

De tener miedo a los gatos a inventar una plataforma de alimentación para gatos callejeros que estudian en América. Y un par de libros. Y tres temporadas de vídeos en YouTube. Así cambiaron José Luis y Pepi Rodríguez el sistema de control de colonias de felinos con Llobregats. Ese modelo de CatDonalds y CatHotels es el que exportan para promover el reciclaje y un mejor trato a los animales.

Cuenta José Luis que fue su mujer la que le embarcó en esta aventura. A pesar del temor que ella sentía a los gatos, el cuidado con que los atendía una vecina que los alimentaba, la animó a seguir los pasos. A este matrimonio le preocupaba como parte de sus vecinos maltrataban a los animales. «Usaban a los gatos como si fueran pelotas de tenis», recuerda de aquellos inicios. Fue una época en la que se acostumbraron a no recibir apoyos. «Al principio íbamos como parias porque nos decían lo de siempre: llevaros los gatos a vuestra casa».

En aquellos inicios de su voluntariado su trabajo era tanto cazarlos para esterilizarlos como darles de comer. «Si los alimentas es con la condición de que no proliferaran, porque si no, hay camadas indeseadas y gatitos sufriendo», explica. Vencer las reticencias de los vecinos del barrio seguía siendo un reto que afrontar. «Y vencimos las reticencias», celebra José Luis.

Aquel fue su pase de nivel. El Ayuntamiento reconoció su gestión y pasaban a ser coordinadores de ese doble de programa de alimentación y control. «Y cuando entramos dijimos que no era normal estar todo el día dándoles comida porque los gatos no van de día, van de noche. Y si llueve o hace frío, había que esperar», apunta. Ahí surgió la solución que ha llamado la atención en diferentes municipios de España. «Se nos ocurrió adaptar los cubículos de basura que el Ayuntamiento desechaba».

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Contenedores reciclados

Ese fue el planteamiento con el que lanzaron CatDonalds. Aquellos contenedores de plástico pasaban a tener una nueva utilidad y se beneficiaban tanto los gatos como los voluntarios. Con ello se ganaba el ahorro en permisos para instalar o construir bebederos y comederos. «Podíamos adaptar los contenedores que ya no son operativos y los hemos ido perfeccionando», cuenta orgulloso.

En la actualidad, su sistema ideal incluye dos espacios interiores separados, «para que el agua no toque el pienso». Otro estante trasero, reciclado de cajones de nevera es el que atrae los gatos a su particular local de restauración, ya que en él depositan la comida húmeda. Además, el interior cuenta con un espacio de almacenaje para que el voluntario pueda guardar ahí el pienso «y así no vaya cargado».

Así habían creado una particular cadena de alimentación disponible las 24 horas con un único tipo de cliente, los gatos. José Luis aún transmite el entusiasmo del momento, el de haber encontrado una solución práctica para animales callejeros. El siguiente paso le surgió de manera natural. Si ya tenían la restauración, ¿por qué no lanzarse al mercado hotelero?

Los contenedores que reciclan para gatos como CatDonalds cuidan su decoración exterior.

De comer a alojar

Los desechos volvían a ser la solución. Sant Boi retiraba ya «todos los modelos de contenedores que tenían». Y esta pareja tenía claro que podían tener una nueva utilidad. Esta vez pensaron en que contaran con una puerta frontal para el voluntariado, mientras que en el lado opuesto estaba la dedicada a los gatos. Siguiendo el símil al nombrar el servicio, así nacía el primero de sus CatHotels.

El lanzamiento de los CatHotels también se centró en la importancia que tiene la ubicación para un sistema de alojamiento. En este caso, un parque donde se habían tenido problemas anteriormente con erizos, jabalíes y aves que comían el pienso felino. «Lo pusimos al inicio del parque natural, sujetado bien a una valla para que se mantuviera la apertura exterior del contenedor original y siguiera el espacio para dejar las cosas».

Los CatHotels eran un paso más tras los comederos para gatos.

Cambios en políticas municipales

Aquellas dos soluciones con las que llegaron a implantar 50 colonias con las que cuidaban a más de mil gatos diariamente cambió. «El Ayuntamiento dio un volantazo en su política de animales y dijimos que nos íbamos», apunta con gravedad José Luis. Así se acostumbraron a que los ciclos electorales impliquen que «de un año a otro te encuentras que es totalmente animalista y luego cambian totalmente. Y al revés».

En julio de 2017 dieron otro paso clave. «Montamos la asociación por la cuenta para que nadie se pusiese la medalla de lo que habíamos hecho», subraya. Y, además, «empezamos a informar de lo que hacíamos». El impacto conseguido a través de las redes animaba a sus seguidores a pedir a sus consistorios soluciones como la suya. Y empezaron a divulgar el trabajo que hacían con una premisa clara. A las asociaciones que se lo piden, las apoyan y cuentan como implantar su sistema. Con eso han trabajado desde Nueva York o Canadá hasta localidades más cercanas como Mareny de Barrequetes o Cascante. Mientras que los Ayuntamientos «sí que les facturamos. a eso no les regalamos nada. No recibimos subvenciones ni aceptamos socios». En lo que sí han crecido es en el número de gatos que tienen en casa, ahora tienen cinco.

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