Francesc Hernández: “La reutilización del agua es puro sentido común”

Aumentar la resiliencia al fuego en una zona del Parc Natural del Túria como es el bosque de La Vallesa. Esto es lo que persigue el ambicioso proyecto Guardian. Una iniciativa que apuesta por el uso del agua regenerada. Cuenta con la subvención de la Unión Europea y está liderada por el Ayuntamiento de Riba-roja de Túria, el de Paterna, Hidraqua, Medi XXI, Cetaqua, la Universidad Politécnica de Valencia y la Universidad de València (UV). Esta última cuenta con un papel específico sumamente importante en cualquier trabajo de estas características: el económico-ambiental.

Al frente de este reto se encuentra el catedrático y director del Grupo Economía del Agua de la UV, Francesc Hernández. “Nuestra responsabilidad en el proyecto Guardian se centra, sobre todo, en tres pilares: viabilidad, sostenibilidad y replicabilidad. Debemos resaltar su valor añadido”.

Valoración monetaria

—¿Cuánto es de importante la viabilidad económica en un proyecto como Guardian?

—Cualquier actuación y, por supuesto, todo lo que está previsto realizar en Guardian tiene que ser viable económicamente. ¿Esto qué significa? La comparación de costes y beneficios. Estudiamos tanto los costes de las inversiones a realizar, como los de su operación y mantenimiento a lo largo del tiempo. Es en el análisis de los beneficios donde aplicamos técnicas novedosas: la identificación y cuantificación de los beneficios sociales y ambientales generados. Sobre todo, porque en estos casos no son beneficios obtenidos directamente del mercado ni aparecen valorados en euros. Se requiere identificarlos y aplicar técnicas rigurosas para su valoración monetaria. Solo de este modo podremos hablar de una viabilidad real de las actuaciones previstas.

Gracias al proyecto Guardian conseguimos recuperar el parque natural de La Vallesa y eso tiene unos efectos magníficos tanto ambientales como sociales. Pero o se cuantifican o, como pasa en muchas ocasiones, no son tenidos en cuenta. Empleamos métodos para la cuantificación de estos beneficios derivados de la reutilización del agua y su uso con fines ambientales. Utilizamos una parte de ese caudal para la reducción del riesgo de incendios aumentando la prevención en una zona sensible y que tendría graves consecuencias en el entorno forestal y urbano.

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Economía circular

El proyecto Guardian es un claro ejemplo de economía circular.

—Sí, y somos conscientes que actuar en materia de economía circular normalmente se ve afectado por barreras de tipo social y administrativo. En muchas ocasiones no se considera prioritario. O porque no se puede en el momento, o el presupuesto no está preparado, o porque se deja para más adelante. Todo esto es muy habitual en actuaciones donde la mayoría de los beneficios son de carácter ambiental.

Por tanto, aquí lo que hemos hecho de manera novedosa es desarrollar un concepto que se conoce como ‘coste de no actuar’. En el sentido de que si al final un proyecto de economía circular no se ejecutara -a pesar de su viabilidad- quedará constancia de que no se trata de una decisión neutral. Es decir, tendrá consecuencias muy negativas para la sociedad. Además, estos costes serán debidamente cuantificados. Al final es un mecanismo de sensibilización para la promoción de estos proyectos de economía circular.

—¿Qué significa exactamente que un proyecto como este sea sostenible?

—El término es muy amplio y genérico. Pero nos referimos a que este proyecto se mantendrá en el tiempo. Con Guardian se están llevando a cabo numerosas actuaciones e inversiones que tienen que durar más allá de la vigencia del propio proyecto. Se trata de acciones para el presente y el futuro. Tiene que servir para las próximas generaciones. ¿Pero bajo qué mecanismos nos garantizamos que esto sea sostenible? Como cualquier actuación de economía circular, si el beneficio es de todos habrá que hacer frente a los costes entre todos. Con lo cual, hay que articular mecanismos para garantizar su mantenimiento a lo largo del tiempo. De esto nos encargamos en la UV y es un tema relevante que en los proyectos europeos se valora mucho.

La implementación de Guardian

Y también es muy importante que el proyecto pueda aplicarse en otros lugares del mundo.

—Hay muchas zonas que están en circunstancias más o menos similares y esta experiencia debería servir para una implementación mucho más fácil. Por tanto, también nos dedicamos a la construcción de una especie de guía o plan de acción que multiplica exponencialmente el valor de las actuaciones del proyecto Guardian en otras regiones con problemáticas similares.

¿Sería posible dicha replicabilidad en otros ámbitos? ¿También en el urbano?

—Sí. Aunque personalmente no establecería una frontera entre el ámbito urbano y  no urbano. Guardian es un ejemplo de proyecto de economía circular donde el agua residual urbana es regenerada -en concreto en la depuradora del Camp de Túria II- y, pasa a ser considerada no como un residuo sino como un nuevo recurso. Pero, ¿cómo lo conseguimos? En función del uso que se le vaya a dar. En el caso del proyecto Guardian se utiliza este nuevo recurso para recuperar un parque natural y también para reducir el riesgo de incendio. Por lo tanto, las consecuencias son tanto ambientales como de carácter social debido a la proximidad de los núcleos urbanos al entorno forestal. Es un beneficio muy claro. Recuperamos un paraje por su gran valor natural y, además, para el uso y disfrute de toda la sociedad.

El papel de la reutilización

Francesc Hernández, catedrático de la UV

¿Qué papel debe jugar la reutilización en la gestión del agua?

—La reutilización es la pieza clave que nos ayuda a cerrar el círculo del ciclo del agua. Captamos agua de calidad de la naturaleza, la usamos en el ámbito urbano y la convertimos en residual. A esta agua se le da un tratamiento de depuración pero no alcanza la calidad inicial. Cumple los requerimientos normativos pero no recupera las características de origen. Por tanto, es un efluente que se vierte en el entorno sin un aprovechamiento directo.

Por otro lado, la reutilización significa que una vez se ha usado el agua se regenera con una calidad suficiente para volver a ser utilizada. El tratamiento no es únicamente la supresión o reducción de algunos contaminantes sino que nos permite devolver el agua a su ciclo natural para ser usada donde sea más necesaria. La reutilización es puro sentido común. Es lo razonable, pero hay que llevarlo a la práctica. No debemos quedarnos únicamente con el concepto sino contribuir a su implementación. Si hay alguna barrera debemos ser capaces de eliminarla y convertir lo que es la potencialidad de la economía circular en una realidad.

Reutilización y agricultura

Uno de los ejemplos más claros de reutilización está en el sector de la agricultura.

—Sí, la reutilización tiene en la agricultura un uso directo. No tiene sentido que para riego se esté usando agua de gran calidad procedente, sobre todo, de acuíferos. Muchos cultivos no necesitan un agua así. Más bien requerirían una con nutrientes que perfectamente podría venir de un proceso de regeneración en una planta de tratamiento. Incluso sería beneficioso para la agricultura. Además, estaríamos dejando de usar agua que se podría derivar para uso potable. Este tipo de actuaciones serían muy positivas no solo para el medioambiente sino también para el conjunto de la sociedad. De este modo, contribuiremos a utilizar de manera razonable y eficiente un recurso tan valioso y escaso como es el agua.

Aunque no solamente tiene un uso en la agricultura. Tiene muchos otros. La recuperación de parajes naturales es uno de ellos. El caso del parque natural de La Vallesa sería un ejemplo, pero hay muchos más. Zonas paisajísticas con gran valor medioambiental cuya situación empeora por falta de agua y, por tanto, las nuevas generaciones podrían no disfrutarlas. Simplemente con el uso del agua regenerada se recuperarían estas zonas. El ejemplo de los humedales es claro y evidente. El agua regenerada tiene también un uso urbano en baldeo de calles o riego de jardines, por ejemplo.

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Iniciativas a nivel internacional

¿Qué otras experiencias ha tenido en materia de reutilización?

—En el Grupo Economía del Agua de la UV estamos promoviendo la reutilización a través de diversas iniciativas. A nivel internacional, sobre todo, por encargo del programa de Naciones Unidas en materia de medioambiente. Y también por parte del Banco Mundial. Cabe destacar que el tratamiento de aguas residuales todavía en muchos países del mundo no se considera prioritario. No es necesario hacerlo y, por tanto, es como un capricho. Por ello, Naciones Unidas nos pidió que colaborásemos con ellos para convencer a los distintos gobiernos de que era rentable depurar las aguas residuales. O sea, no se trataba de utilizar argumentos basados en el sentido común o en los propios derechos humanos si no que se pretendía demostrar únicamente su rentabilidad. Se realizó la cuantificación monetaria de todos los efectos derivados de no tratar el agua residual, tanto sobre la salud de las personas como sobre el entorno natural. Lo comparamos con lo que sería el coste de actuar, con la construcción de instalaciones de tratamiento de carácter básico, y así los propios gobiernos podían comprobar la conveniencia y rentabilidad de las actuaciones.

A nivel europeo, estamos participando en varios proyectos financiados por la Comisión Europea con el propósito de promover iniciativas de reutilización de agua regenerada en distintos sectores. También me gustaría destacar las acciones que venimos desarrollando en la Comunidad Valenciana en el marco de la Cátedra de la Generalitat Valenciana y la Universitat de València para transformar el modelo económico a través de la economía circular.

Un recurso imprescindible

Al final como sociedad -sobre todo la que abre un grifo y sale agua- no es nada consciente de la importancia de este recurso tan básico.

—Sí, totalmente de acuerdo. Cuando uno abre el grifo y sale agua ya no se preocupa de nada más. Obviamente falta una sensibilización que con los procesos de educación sería muy importante paliar. Habría que empezar por los más jóvenes. Pero también soy partidario de que en paralelo se tomen medidas de carácter más inmediato. Las administraciones y las empresas que se dedican al abastecimiento y gestión del agua sí son conscientes de la importancia de determinadas acciones. Debemos poner los medios para ello especialmente con criterios que garanticen el buen uso del agua y la cobertura de todos los costes a través de la aplicación de tarifas racionales. Un servicio que es para todos lo debemos cubrir entre todos y, además, como exige la Directiva Marco del Agua, garantizando su eficiencia y equidad.

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