Las instalaciones fotovoltaicas, inmunes al confinamiento

En este 2020, la vida de los ciudadanos de todo el mundo ha cambiado por completo. El pasado mes de marzo tuvo lugar en España un confinamiento que nos afectó a todos. Y no solo a nivel personal sino también laboral. El cierre de fábricas e industrias –que no fueran de primera necesidad- hizo que, pese al mayor consumo doméstico, la demanda de electricidad cayera. Según estimaciones del Observatorio de la Sostenibilidad (OS), durante los meses de marzo y abril el consumo final de energía eléctrica cayó un 17,6 %, y el consumo total en términos de energía final el 45 %, sobre el mismo periodo de 2019.

Estos datos procedentes de Red Eléctrica Española y analizados por el OS -en un informe sobre la covid-19 y la energía– también han mostrado otro hito “singular”. En abril se alcanzó el máximo histórico de penetración diaria de las energías renovables: un 70,9 %. Su aportación superó el 70 % durante más de siete horas continuadas. Se confirmó así la “estabilidad” y “gestionabilidad” de la red en condiciones extraordinarias. La generación fotovoltaica logró atender al 27,6 % de la demanda. Un hecho que se produjo por primera vez desde que existen datos.

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Energía solar fotovoltaica

“La energía solar fotovoltaica ha sido de las pocas cosas que ha sido inmune a esta pandemia”. Así explica la paradoja que se ha producido durante este inusual periodo Luis Navarro, gerente de Cubierta Solar. “Tanto si en la empresa estaba trabajando como si no, esta instalación ha producido energía. Han sido las únicas máquinas que han estado siempre funcionando. Lo que se ha demostrado aquí es que con ella se ahorra de forma permanente, incluso con confinamiento. Ya que las empresas tienen unos gastos fijos, aunque estén cerradas, pero con la fotovoltaica se siguen generado beneficios. De tal forma que todas las que poseen este tipo de instalación han tenido una ventaja competitiva respecto a las demás”.

Para comprenderlo con cifras, Navarro plantea un ejemplo real. Cubierta Solar colabora con la comercializadora Ecovatios. Esta suministra energía a una empresa con instalación fotovoltaica que durante los meses de confinamiento estuvo en funcionamiento. “Este cliente paga la energía aproximadamente entre seis y ocho céntimos el kilovatio/hora. Eso es lo que vale una buena tarifa industrial. Toda la energía que consume es de origen renovable. Y, además, autoproduce un porcentaje importante de su energía diurna que consume directamente la fotovoltaica. En el momento que genera más de lo que gasta, esa energía sobrante se vierte a la red. Y la comercializadora es entonces la que paga ese kilovatio a 8,5 céntimos a la empresa. De tal forma que si en este caso se ha vertido a la red 890 kilovatios/hora en un mes, tendrán un abono de unos 75 euros”.

Independencia energética

Navarro señala que este es un consumidor “pequeño”. “En otro tipo de empresas las cifras son espectaculares. Estaríamos hablando de entre 6 000 y 8 000 euros al mes de energía vertida. Y eso solo de lo generado los fines de semana. Esto hace que se rentabilice, mejore y optimice mucho las instalaciones fotovoltaicas. Por lo que si tienes que parar unos meses, o bajas la producción al 50% por una circunstancia como ha sido pandemia, toda esa energía también se vierte y se abona en la factura de la luz”, recalca.

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En definitiva, una situación sanitaria como esta conlleva, sin duda, una crisis económica. Pero las compañías que cuenten con una instalación de energía sostenible dicho golpe se puede ver reducido. La gente lo que tiene que entender es que lo que hace la fotovoltaica es complementar a la red. Y toda la energía que produzcas, la consumas o no, de alguna forma se remunera. Lo mejor y más importante siempre es autoconsumir de forma instantánea porque ahorras energía respecto de la red. Pero si sobra se vierte y se compensa en la factura. Cuanto mayor sea el porcentaje de empresas que tengan instalaciones fotovoltaicas: más independencia energética tendrán, más ahorro y más sostenibles serán. E incluso en tiempos de incertidumbre te garantizan que el ahorro y la producción sean constantes”, concluye Navarro.

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