Concha Bru: La gente desconoce que abrir el agua del grifo abre procesos complejísimos

Con la presentación de El agua en la provincia de Alicante. Territorio, Patrimonio e Innovación, Concha Bru termina un trabajo que empezó hace dos años. Ese es el título del Canelobre número 70 que en sus 300 páginas quiere romper con el desconocimiento de la gestión de los bienes hídricos. «Es que la gente desconoce que abrir el agua del grifo abre procesos complejísimos», comenta la profesora de la Universidad de Alicante.

Dos grandes desastres se interpusieron en el camino de la publicación de este monográfico que ha coordinado con el profesor Joaquín Melgarejo para el Instituto Juan Gil-Albert. Con la dana en septiembre de 2019 y la pandemia del coronavirus en marzo de 2020 se vieron obligados primero a ampliar contenido y luego a retrasarlo. «La dana llegó y fuimos incorporando trabajos que no teníamos previsto, sobre todo hizo replantearnos que había que incluir un trabajo específico», recuerda.

Con la revista ya en la calle, Bru valora la importancia de esfuerzos editoriales como este. «Esa tarea que hacemos en investigación hay que hacerla en divulgación, tenemos que ser capaces de llegar a todo el mundo», destaca. La razón es sencilla: «Lo que no se conoce no se valora y lo que no se quiere no se cuida». Una labor en la que cree que las nuevas generaciones sí están al tanto por su preocupación medioambiental. Aún así insiste en sus agradecimientos al Gil-Albert y a la Diputación de Alicante, «sin ellos no habría sido posible, a este instituto imprescindible le pedimos que no deje de apoyar trabajos en este sentido».

En el área más seca, la innovación

Puestos en la materia, Bru se siente orgullosa «de una cuidada edición que no es solo una recopilación de investigadores». En sus manos estaba la coordinación de esa perspectiva multifocal con expertos de distintas áreas y centros, «como hacía tiempo que no se había hecho». Un esfuerzo que refleja la «preocupación endémica» en Alicante, un territorio que, en años de sequía sabe la importancia de la buena gestión hídrica.

Por eso arrancan esta serie de profundos análisis con El agua que nos llueve. «Y ya sabemos cómo lo hace, con sequías tremendas o aguaceros donde parece que caiga el diluvio. Esa irregularidad en el espacio y tiempo han sido siempre un hándicap», apunta. Eso sí, precisamente que «siempre ha habido una gran preocupación por los distintos equipos culturales y han tenido esa necesidad de garantizar esa agua» es lo ha que ha fomentado la innovación.

Si los recursos hídricos son muy escasos porque su distribución es muy aleatoria y puntual en el tiempo, «el agua no ha crecido en disponibilidad pero las tecnologías han permitido la obtención de mayores recursos». Es lo que Bru denomina «una relación de continua búsqueda para asegurar esos caudales para que fructifique la tierra».

Eso se traduce en una historia de evolución «porque ha cambiado el conocimiento de cómo derivarlos, transportarlos, la tecnología asociada y la innovación». De poder tomar las aguas superficiales se ha ido a los recursos subterráneos, la depuración, desalación y la reutilización. «Es verdad que es una lucha ancestral pero según se han conquistado esas tecnologías, se ha gestionado mejor», comenta. Y debía ser así porque «la limitación existió y sigue existiendo» cuando «han crecido las demandas del agua asociadas al urbanismo y la agricultura».

Un enfoque técnico como modelo

Las cuatro décadas de carrera que lleva dedicadas Bru a la investigación la llevan a subrayar la necesidad del enfoque técnico al tratar estos temas. «El enfoque nunca ha sido político. Es una de las cosas que enfaticé en la presentación. Siempre he tenido un enfoque técnico». Y una de las razones para ello es su creencia en que «la planificación afecta a todos los actores pero a la ciudadanía también. El agua nos afecta a todos y el enfoque ha de ser multidisciplinar y sectorial y fuera de combates políticos porque –más allá de una necesidad por garantizar el agua y desarrollar ciertos sectores productivos– debemos luchar y guardar unos horizontes sostenibles».

Como doctora en Geografía, Bru tiene claro el escenario en el que se debería plantear el debate. «Hay que conjugar esos intereses productivos y medioambientales, de salud y conservación del patrimonio arqueológico y natural, con ecosistemas muy sensibles». Y esto es básico porque, añade, «vivimos en un ámbito semiárido». Todo esto, concluye, la lleva a retomar el énfasis en el punto de vista divulgativo. «Por eso se ha cuidado la estructura, con grandes capítulos que nos hagan reflexionar sobre el marco territorial y el clima», indica. E insiste, «muchas veces no somos conscientes de que es capaz de modelar un paisaje, como pasa con las aguas subterráneas».

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