El derroche alimentario, un factor decisivo del calentamiento global

A la hora de hablar sobre el impacto medioambiental, suelen venir a la mente los combustibles fósiles, los automóviles o la calefacción. Sin embargo, uno de los factores que más daño hace al ecosistema es el derroche alimentario.

Para hacerse una idea, si se considerara el hecho de ‘tirar la comida’ como si se tratara de un país, estaríamos hablando del tercer emisor más grande de gases de efecto invernadero, solo por detrás de Estados Unidos y China. ¿A qué se debe esto? La producción de alimentos es la principal fuente de gases de efecto invernadero a la atmósfera, ya que la agricultura y la ganadería generan más del 20 % de las emisiones de CO2 del planeta, por encima de la industria y el transporte. Debido a esto, cada vez que se desperdicia un producto alimentario estamos hablando de un obstáculo más en la lucha contra el calentamiento global.

A diferencia de otros países europeos como Francia o Alemania, en España no hay una creencia generalizada de que el derroche alimentario afecta al medioambiente. Un hándicap a superar, teniendo en cuenta que España se ha comprometido a reducir el despilfarro alimentario a la mitad en diez años para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible acordados en el marco de la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2015. Sin embargo, el Estado lanzó a la basura 1 352 millones de kilos de comida y bebida en 2019, según el Ministerio de Agricultura.

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La fruta sufre el mayor despilfarro

Los productos que más se derrocharon fueron los frescos, como las frutas. Solo este apartado supone el 30,8 % del volumen despilfarrado de productos sin utilizar. En segundo lugar van las verduras y hortalizas, con un 13,5. Y esta lista se cierra con los lácteos, con un 12, 6%. Los hogares con personas de menos de 50 años y las parejas con hijos fueron los que más derrocharon productos sin haberlos usado. Un fenómeno que, por zonas, tuvo más lugar en la Comunitat Valenciana y en el área metropolitana de Madrid. Por lo tanto, con el fin de ralentizar el máximo posible el cambio climático, se hace indispensable optimizar el sistema.

Cambiar la tendencia del derroche alimentario también depende del día a día de cada uno. Para ello, se pueden llevar a cabo algunas buenas iniciativas. Una forma de empezar es planificar el menú de manera semanal, guardar las sobras tanto en casa como cuando se va al restaurante e ir a comprar con más frecuencia. Respecto a lo comprado, se puede seguir la regla que en inglés denominan FIFO. Este sistema conocido por las siglas de First in first out da preferencia a los perecederos mientras que la versión LIFO, o Last in first out, es para los no perecederos.

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Aplicaciones para aprovechar alimentos

En la actualidad, la tecnología puede ser una gran aliada para evitar el derroche alimentario y, por tanto, reducir el impacto medioambiental. Y la solución está en nuestras manos. Al menos, a través de los teléfonos. Las aplicaciones encargadas de dar una segunda oportunidad al excedente de los comercios a un precio reducido, se extienden. Este sería el caso de propuestas como Phenix o Too Good To Go.

El funcionamiento es sencillo en ambas: de descarga gratuita, se activa la geolocalización para escoger la cesta del comercio que quiera, pagar de manera segura mediante la apli e ir a buscar la cesta anti-desperdicio al hora que indica el comercio. En ese caso, otro factor a recordar es que se acuda con su recipiente o bolsa reutilizable. De esta forma se evita el gasto que se cargaría por usar una bolsa extra que entregaría el comercio y que se le cobrará según la ley. Món Planeta

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