SenderGR: conociendo el paisaje de la montaña alicantina

SenderGR ha digitalizado los senderos de las montañas del norte de la provincia de Alicante. Lo que significa que se han creado unos recorridos virtuales por esos caminos senderistas. Un proyecto dirigido por Juan Francisco Pérez desde el Centro de Inteligencia Digital de la Provincia de Alicante (Cenid), impulsado por la Diputación de Alicante, la Universidad de Alicante y la Universidad Miguel Hernández de Elche.

Ya se pueden ver esos senderos a través de la página web”, explica Mª Ángeles Alonso, del departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales de la Universidad de Alicante. Es experta en botánica y coordina precisamente la nueva fase del proyecto en la que ampliará la información digitalizada sobre la flora de estos entornos.

Ese es el siguiente paso en la digitalización de la montaña alicantina. Ahora se quiere ahondar en la divulgación del conocimiento científico que arrojan al público estos entornos. Por eso se dotará a esas rutas online de un contenido específico para dar a conocer mejor los parajes naturales de la provincia. “Vamos a dotar de contenido a todo este sendero”, afirma Alonso.

Cenid digitaliza las rutas de montaña alicantinas

En el caso de los botánicos, en las capas virtuales de SenderGR que están relacionadas con las especies vegetales y las unidades del paisaje. Pero ese paseo desde el sillón de casa, a lo largo de más de seiscientos kilómetros, no trata de sustituir al contacto real con la naturaleza, sino que busca crear un nuevo soporte que favorezca la divulgación en sectores como la educación o la investigación. “En algunas circunstancias, incluso sirve para que personas con movilidad reducida puedan hacer esos senderos que no podrían hacer de otra manera”, apunta.

SenderGR, de lo común a lo extraño

“Queremos que la sociedad vea la vegetación como ese escenario imprescindible en el que sucede todo”, explica la investigadora. No solo la flora endémica rara, importantes desde el punto de vista de la conservación, sino también las especies dominantes, que actualmente muchas personas desconocen. “Esas especies nos indican en qué tipo de suelo o en qué región bioclimática nos encontramos”, apunta. Entender todo ello ayuda, asegura, “a disfrutar de una manera intensa ese recorrido, sea digital o real”.

Sensibilización, concienciación y educación

Es un proyecto colectivo que trabajará desde el punto de vista de la vegetación, pero también de la fauna o los asentamientos humanos. “Es algo muy ambicioso que parte de tres pilares: la sensibilización, la concienciación y la educación”, afirma. Todo ello, aprovechando la reactivación de la actividad senderista que se está experimentando en los últimos tiempos. “Las personas van a la montaña con diversos, objetivos como la reducción de estrés a través del contacto con la naturaleza”, describe Alonso. Un contexto perfecto para el aprendizaje. Y es que, para los investigadores, es de gran importancia que se haga efectiva esa transferencia de conocimiento a la sociedad. El fin último de su trabajo.

Sabiendo lo que tenemos, nos concienciamos para cuidarlo. “Desde el confinamiento, nos hemos dado cuenta de que la naturaleza es capaz de regenerarse en muy poquito tiempo”, recuerda. Es el caso, por ejemplo, de la laguna de Villena, cerca de donde Alonso reside, y que se ha recuperado y volviendo incluso a acoger familias de flamencos. “Conocer la flora, conocer las plantas, da muchísima información del lugar en el que vives”, afirma. Y ese es el principal objetivo. “Solamente viendo una planta se pude saber cuánto llueve, qué calor hace, que suelo hay, en qué lugar del mundo me encuentro, etcétera”, describe.

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Las capas del paisaje

Esta nueva fase de SenderGR sobre la vegetación consiste en cinco capas botánicas. La primera de ellas trata sobre las plantas más habituales y visibles que se encuentran a nuestro paso por el sendero. “Lo más normal es que uno se encuentre aliagas, romeros, etcétera, que incluso algunos desconocen”, explica Alonso. Después, la segunda capa describirá las unidades de paisaje. Por ejemplo, un espartal. La planta que define un espartal es el esparto, pero un espartal contiene muchas más especies, porque siempre van en comunidad”, apunta.

La tercera capa es la conservación. “En un paisaje tiene mucha importancia, por ejemplo, el palmito, porque cuando veo esa planta sé que estoy en una zona donde hace mucho calor”, explica. Por lo que las plantas adquieren el valor de un medio de información. Plantas que no se encuentran en todos los sitios. En esta misma capa se encuentran las plantas en protección.

Por otro lado, la cuarta capa incluye el concepto etnobotánico. “Para qué se utiliza el esparto, la pebrella, etcétera. “El gazpacho alicantino, a diferencia del manchego, es el que utiliza pebrella, porque es sobre todo aquí donde se encuentra esta planta, y poca gente lo sabe”, afirma la investigadora. “Se explica cómo el hombre ha usado estas especies, que además tienen usos que se están perdiendo”. Por último, la quinta capa tiene relación con la tercera y trata el código de comportamiento. Qué actividades se pueden realizar o no con esas especies. “Si quieres recolectar cantueso, una especie endémica, te dice si se puede recolectar y cómo hacerlo”, cuenta Alonso.

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