Islas Galápagos probará una reactivación del turismo sin plásticos

La crisis de la covid-19 ha paralizado en gran parte la industria turística. ¿Puede ese parón servir para replantear su sostenibilidad? Si hay un lugar en el planeta que puede servir de espacio de pruebas ese es las Islas Galápagos. Este archipiélago ecuatoriano conocido como el laboratorio vivo de biodiversidad más grande del mundo considera esencial recuperar la actividad económica de forma «productiva, incluyente, resiliente y amigable con el medioambiente».

Ser el campo de trabajo del autor de la teoría de la evolución biológica siempre ha aportado atención sobre esta zona del mundo. De hecho, así lo valoraba en un reciente evento virtual el presidente del Consejo de Gobierno de Galápagos, Norman Wray. En esta cita apoyada por Naciones Unidas, que considera la zona como patrimonio de la humanidad a través de la Unesco, este lamentó respecto a los efectos de la pandemia. «Tuvimos 275 000 turistas en el 2019, y hubo una disminución de un 75% este año», señaló.

La necesidad de recuperar esa actividad es vital en su caso, ya que «un 85% de nuestra actividad económica depende de manera directa o indirecta del turismo». Una preocupación que se comparte en muchos otros lugares, dado que «el impacto mundial sobre el turismo por el COVID-19 ha afectado de manera radical la economía de todo».

Pero el ejemplo de la segunda reserva marina más grande del planeta y su «proceso de reactivación lento» quiere ir más allá de la mejora económica. «Invertir en la gente es invertir en la conservación, esto es muy importante. Tenemos que aprender de la pandemia todo esto que nos ayudara también a ser más fuertes frente a los impactos del cambio climático que se nos viene, o ya está aquí mejor dicho», aseguró Norman Wray.

Una campaña global para buscar fondos

Con esos objetivos han lanzado la iniciativa Salvemos las Islas Galápagos: Empoderar a su gente. En ella invitan a las personas de todo el mundo a donar a través de su página web para así recaudar fondos estilo financiación colectiva. Según su plan, se invertirían en la comunidad a través de oportunidades de empleo y proyectos de desarrollo sostenible. De esa forma, aportarían protección a la biodiversidad, el tesoro de las Galápagos.

La lucha de las islas Galápagos para liberarse del plástico

En esta línea insistió el presidente. «Esta iniciativa, que es inicial, pero va a demostrar que podemos conectar conservación con protección social y con trabajo. Y yo creo que de eso se trata, de fortalecer la ciencia y la lucha contra el plástico». ¿Y cómo les afecta? Debido a las corrientes marinas, el archipiélago recibe plásticos y microplásticos de lugares tan distantes como Indonesia, Filipinas, Taiwán, México, Perú o España.

En el plan que ya tienen activo, siguiendo la estela de muchos otros Estados, ya prohibieron en 2014 las bolsas desechables. A pesar de eso, hasta el 2019 se habían recogido veinte toneladas de plásticos en tres años de limpiezas. Unas acciones que se realizan cuando hay suficientes voluntarios y recursos. Y a esto se refieren con la necesidad de lanzar una campaña de financiación colectiva.

Wray espera que estas actividades voluntarias dejen de serlo gracias a esa vía económica. «Con la comprensión clara de que allí también puede generarse un ingreso y un compromiso, en el marco de ir generando las bases para un sostenimiento social y ambiental. Y, quizá, en el futuro de Galápagos de ir disminuyendo nuestra dependencia del turismo que siempre existirá. Pero articulando y potenciando aquellas cosas que van a contrarrestar los retos de la comunidad y el impacto ambiental», afirmó.

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