La UE busca en el Ártico el camino para un futuro sostenible

¿Por qué importa el Ártico? Con el deshielo causado por el cambio climático, las posibilidades que se abren en la zona atraen muchos intereses. Este año se espera que la Unión presente el resultado de las propuestas consultadas en 2020 para ver cómo actuar en esta zona.

Ana Belén López Tárraga estará estudiando estos y otros planteamientos en el grupo de investigación sobre Gobernanza en el Ártico que tiene la Universidad finlandesa de Laponia. Este 2021 hay un particular interés por plantear el futuro del Polo Norte. La reunión bianual del Consejo Ártico, el foro más importante a nivel intergubernamental que existe en este espacio. Será en mayo en Finlandia y la presidencia pasará a Rusia, explica López Tárraga.

Del deshielo al calor

Como recuerda esta doctoranda en Ciencias Sociales de la Universidad de Salamanca, «el Ártico es la zona del planeta que mayores cambios está experimentando debido al calentamiento global. Podría decirse que es algo así como un centro de alerta que nos pone en preaviso de los cambios». El pasado verano ya se pudo ver con las temperaturas récord en Siberia y ahora con los llamativos cráteres que van marcando la tundra.

Un Ártico sin hielo durante todo el verano, ¿en 30 años?

Desde febrero hasta junio el trabajo de López Tárraga en el equipo de Gobernanza analizará cómo se debe desarrollar la gobernabilidad dentro de los diferentes espacios. El objetivo que se plantean es que esta sea sostenible y haya una cooperación entre los actores.  ¿Quiénes conforman este reparto con capaz decisoria? Por un lado, los países ribereños:Rusia, Estados Unidos, Canadá, Noruega y Dinamarca por Groenlandia. Por otro lado, Finlandia, Islandia y Suecia. Tres Estados que también se consideran países Árticos por situarse por encima de la latitud de 66º norte.

Rutas comerciales y minería

Ana Belén López Tárraga investigará sobre la Gobernanza en el Ártico con la Universidad de Laponia.

«La voluntad de la UE es un papel de mediador en la región porque es un punto estratégico», recalca la investigadora. La explotación de recursos energéticos y la apertura de nuevas rutas comerciales son dos razones para ello. El casquete polar impedía conocer con seguridad qué se podría encontrar, pero las estimaciones apuntaban a que bajo el hielo se podría encontrar el 30 % de las reservas de gas y un 13 % de las del petróleo. Un factor de alto interés, como recuerda López Tárraga, para una Unión Europea que depende en gran medida de los gasoductos que llegan de Rusia para nutrirse energéticamente. Eso y que, como añade, también se estima que hay una gran presencia de minerales relevantes por su aplicación en componentes tecnológicos.

El otro factor que interesa y mucho son las mencionadas conexiones intercontinentales que se plantean. La que bordea la costa rusa, conocida como la del Norte, es la que está recibiendo un mayor impulso económico por parte de su Gobierno. «Rusia está construyendo puertos en las zonas más cercanas al oceáno Ártico y está invirtiendo mucho en ese sentido», apunta. Un trabajo que se está adelantando a la propuesta llamada del Noroeste, que abarcaría de Alaska hasta la costa este del Canadá. Y frente a esas dos, la que quedaría descartada es la central, que bordearía Groenlandia, por la aún abundante presencia de banquisa o hielo marino.

A las inversiones en Rusia habría que sumar las de otra gran potencia, China. Sin conexión directa con esta área, su política se ha centrado en Groenlandia. «Y estas inversiones que se hacen para desarrollar infraestructuras comerciales en el futuro chocan con el modo de vida de las comunidades que están viviendo allí desde hace miles de años», apunta López Tárraga. De ahí que apunte a un equilibrio complicado cuando «las poblaciones de inuit se están desplazando a otros lugares» a causa de ello.

El futuro de toda esta zona seguirá estando pendiente del clima, concluye. Si los efectos del cambio climático siguen reduciendo el hielo, mayor será el avance de estas propuestas. Y en ese contexto, López Tárraga se muestra segura de que «la Unión Europea continuará con su papel de mediación pero sin perder de vista la seguridad».

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