Carbono oceánico, el factor que puede disparar el cambio climático

De absorber a emitir CO2. La alteración del ciclo del carbono en los océanos podría convertirse en un grave problema que acelere el cambio climático. La agencia de Naciones Unidas para la ciencia propone una investigación en profundidad del carbono oceánico para saber cómo funciona. Con ello esperan evitar que sea otro elemento más del calentamiento global.

Estas son las ideas lanzadas la semana pasada en la presentación de su informe Integrated Ocean Carbon Research sobre la regulación climática de los océanos. El estudio de la Unesco recalca la función del carbono oceánico en el clima. Y por eso urge en mantener lo que denominan servicios oceánicos clave, que están directamente amenazados por la acidificación, desoxigenación y calentamiento del mar

¿Cómo piensan hacer eso? Su plan es establecer una hoja de ruta que guíe a las autoridades responsables del diseño de políticas de mitigación y adaptación al cambio climático durante el próximo decenio. Una labor de estudio del ciclo de captación del CO2 que no dudan en calificar de urgente.

El cambio en los mares

Comprender la importancia del carbono oceánico es entender cómo funcionan. De los componentes terrestres, atmosféricos y oceánicos del ciclo global del carbono que intercambian carbono en escalas de tiempo de décadas a siglos, el océano tiene más del 90 % del carbono contenido en estos reservorios.

La mención a los siglos no es casual. Cuando se trata del impacto de la humanidad en el clima, la Revolución industrial es un periodo clave. Desde finales del siglo XVIII, hemos alterado drásticamente las reservas y los flujos de carbono dentro del sistema tierra-atmósfera-océano. ¿La razón? El uso intensivo del carbono fósil en el reservorio geológico.

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Desde la Revolución Industrial, los océanos han sido el reservorio del carbono generado por la actividad humana. Sin estos reservorios marinos, junto con los terrestres, los niveles de CO2 en la atmósfera serían un 50 % más altos que los registrados en 2019. Unos datos ya muy por encima del límite para contener el calentamiento global a dos grados centígrados.

Hay otro efecto que ya se está produciendo, la acidificación del océano. Este fenómeno es el resultado de alterar la química del agua de mar al acumularse este carbono generado por la actividad humana en el océano. Estos cambios afectarán el papel futuro del océano como reservorio de CO2 atmosférico. Y, con ello, alterarán los ecosistemas marinos de formas que aún se encuentran bajo investigación.

Propuestas para evitarlo

La hoja de ruta que menciona el informe de la Unesco propone un programa conjunto de investigación que guíe la toma de decisiones adecuadas. Y el primer paso está en los datos. Su prioridad es mantener y mejorar las observaciones sostenidas de carbono oceánico de alta calidad. Con ellas pueden cuantificar su fuerza y ​​la variabilidad.

Conseguir estos datos requiere dinero. Y Naciones Unidas se encarga de recordar lo importante que es la financiación. De ahí que para estos sistemas de observación de carbono hable de gestión cooperativa con organizaciones y entidades participantes, incluidas las del sector privado.

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Más tecnología

Si ese caudal de dinero fluye, lo que piden es que se siga usando la teledetección para la investigación sinóptica del ciclo del carbono oceánico. Y no es esta la única tecnología que piden. Como recalcan es necesario conocer mejor este funcionamiento, así que creen conveniente impulsar nuevas técnicas mediante sensores y usar  inteligencia artificial en la cuantificación de procesos, patrones e intercambios en el ciclo del carbono oceánico.

El énfasis en el conocimiento es una de las partes que más recalcan al tratar este tema. Una forma que consideran ayudaría a conseguirlo es mejorando los vínculos teóricos entre la biogeoquímica y la ecología. Eso permitiría construir sistemas de predicción de biogeoquímica y carbono oceánico confiables y completos.

De esta forma, añaden, se lograría cerrar brechas importantes en nuestro conocimiento a través de estudios de procesos de laboratorio y de campo. Eso incluiría estudios de geoingeniería debidamente escalados para dilucidar los mecanismos y contribuir a la parametrización del modelo. La clave, concluyen, está en integrar el continuo tierra-océano más plenamente en las evaluaciones globales del ciclo del carbono.

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