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Los terrenos áridos resisten y se regeneran con sus modelos de distribución de la vegetación

Son patrones. La resiliencia de los terrenos áridos o desérticos tiene mucho que ver con la forma en la que se distribuye su vegetación. Al mismo tiempo, la capacidad de regeneración también estará estrechamente ligada a este aspecto. Esa es la principal conclusión de un estudio internacional en el que ha participado la Universidad de Alicante (UA). Un trabajo de investigación que ha analizado hasta 115 ecosistemas áridos en 13 países. Proceso para el que se han utilizado datos de teledetección, información de campo y modelos matemáticos.

Los mecanismos responsables de los patrones espaciales de la vegetación permiten que los ecosistemas áridos saludables se adapten a condiciones ambientales cambiantes. Es decir, que aspectos como como la escasez de agua se podrían afrontar ajustando su estructura espacial. Por el contrario, los ecosistemas degradados carecen de esta capacidad. Así lo explica Emilio Guirado, investigador del Laboratorio de Ecología de Zonas Áridas y Cambio Global de la UA.

El experto ha participado en el estudio a través de este laboratorio de la UA. Una investigación que publicada en enero por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. Trabajo que supone un avance significativo en la comprensión de la relación entre los patrones espaciales de vegetación y la resiliencia en las regiones más áridas del mundo. De esta forma, queda demostrado que la manera en que se organiza la vegetación que cubre la superficie terrestre influye en el funcionamiento y capacidad de recuperación de los ecosistemas áridos.

El investigador de la UA Fernando Maestre, experto en zonas áridas, medalla de honor del Club Español de Medio Ambiente

Valiosos indicadores

Estos hallazgos, por tanto, no solo permiten entender el comportamiento de los terrenos áridos, sino que también pueden servir para ayudar a regenerar los territorios degradados. Y es que el patrón espacial de la vegetación permite aumentar la resiliencia de los ecosistemas áridos a medida que aumenta la aridez. Algo que permite mantener su funcionamiento bajo condiciones de mayor estrés ambiental.

“Los patrones encontrados podrían servir como valiosos indicadores de la salud del ecosistema, abriendo perspectivas importantes para futuras investigaciones en este campo”, explica Fernando Maestre. El científico dirigía entonces el Laboratorio de Ecología de Zonas Áridas de la UA, hasta el pasado mes de febrero, cuando fue fichado por la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá de Arabia Saudí, donde continúa sus investigaciones sobre los ecosistemas áridos. “Entender el papel de los patrones espaciales de la vegetación nos ofrece una ventana única para preservar estos ecosistemas vitales en un mundo que se enfrenta desafíos climáticos cada vez mayores”, añade el experto.

El científico Fernando Maestre.

Capacidad para resistir y adaptarse

Los patrones espaciales son algo común. Así, los de la vegetación de los ecosistemas áridos son una característica que comparten con otros sistemas complejos. “Desde comunidades microbianas hasta lechos de mejillones”, señalan los investigadores de la UA. Así, las implicaciones teóricas de estos patrones para mantener el funcionamiento y resiliencia de los ecosistemas han sido ampliamente estudiadas. “Pero la evidencia empírica de su importancia para estos aspectos de los ecosistemas es muy escasa”, explican. Ahora, la novedad de este estudio figura en que esos patrones de la vegetación no solo se forman en respuesta a condiciones ambientales estresantes. También otorgan a los territorios áridos la capacidad de adaptarse a condiciones climáticas cambiantes.

Alicante y el regadío

Es por eso que alterar la disposición de la vegetación en los ecosistemas puede alterar su capacidad de regeneración. En este sentido, Maestre incide en el caso de Alicante, donde el territorio destinado al cultivo de regadío aumenta. Un hecho que consume los recursos hídricos y está alterando las capacidades de regeneración de un territorio que ya es árido y que está deteriorándose. Si hubiese menos regadío, habría menos desertización. “Disminuiría la presión sobre nuestros recursos hídricos, lo que disminuirá a su vez la degradación de nuestro territorio y su desertificación”, explica.

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