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Así se cuida el suministro de agua potable a cuatro millas de la península

Así se cuida el suministro de agua potable a cuatro millas de la península. Aguas de Alicante gestiona la red de agua potable de Tabarca, la isla habitada más pequeña de España, con un entramado de 2700 metros lineales de tubería de diferentes diámetros que distribuye el agua a todas las edificaciones.

Tras recorrer los 5600 metros que separan en línea recta la península desde Tabarca, unos depósitos almacenan el agua garantizando una autonomía de un par de días en caso de problemas durante días de máximo consumo. Desde ahí, unas bombas propulsan el agua hasta llegar a todas las viviendas y establecimientos del pueblo.

«Las averías se concentran en las acometidas de las edificaciones. De 2005 a 2023 ha habido una treintena de casos», cuenta Miguel Ángel Pérez, gerente de Operaciones en Aguas de Alicante. Un hito debido a la renovación de la red, que cuenta con una antigüedad que ronda las tres décadas. En cuanto al tiempo de respuesta, «para llegar a la isla hay que contar con los barcos que conectan con la península, pero el resto del proceso no genera mayores dificultades porque está todo controlado bajo telemando».

El volumen de agua y la presión se puede controlar desde el inicio del suministro en Santa Pola, en la entrada de la isla o a la altura de los depósitos, junto a la regulación del caudal y la presión de las bombas. «Cualquier incidencia la medimos en tiempo real».

Se usan varios métodos para localizar las incidencias, pero entre ellos destaca el método del Caudal Mínimo Nocturno para la estimación de fugas. «El consumo suele focalizarse durante el día, así que sabemos todas las noches cual es el caudal mínimo nocturno. Si determinamos que son 0,5 metros cúbicos por hora, en el momento que hay un desvío nocturno empezamos a analizar».

Es el momento en el que entran en juego los equipos prelocalizadores. «A lo largo de la red de Tabarca tenemos unos equipos prelocalizadores, elementos que oyen las tuberías. Si el agua sale por la fisura, por un punto, emite un ruido que es captado por captadores de las propias tuberías. El momento en el que el ruido es diferente del normal en el radio de detección del prelocalizador, saltan las alarmas en ese punto».

 «En ciertas zonas tenemos prelocalizadores fijos y en otros vamos moviéndolos. Vemos que esta todo correcto y los desplazamos a otra. En el caso de la isla tendemos a dejarlos fijos en los mismos puntos estratégicos». Un sistema innovador basado en la tecnología que evita las pérdidas de agua y garantiza la sostenibilidad del suministro en un contexto tan extraordinario.  «Tras producirse el ruido en las tuberías metálicas, oyen el ruido y se transmite el sonido a través de la tubería. Si tienen un radio de detección de cien metros, una fuga a 110 metros de un localizador podríamos detectarla, cubriendo así toda la red».

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