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La naturaleza eclosiona en tres oasis de la Montaña alicantina

La naturaleza eclosiona en tres oasis de la Montaña alicantina, repartidos entre el Comtat, l’Alcoià y la Foia de Castalla. Las últimas semanas de la primavera son perfectas para descubrir donde se esconden decenas de jardines secretos como estos.

Un laberinto en el valle de los juguetes

A los pies de la Sierra de Mariola, este espacio gestionado por la Diputación de Alicante recrea cuatro paisajes de las comarcas del sur. La zona agrícola cuenta con plantaciones de árboles típicos del Alcoyano como el cerezo, el manzano, el membrillo, el peral y el nogal. El Jardín Mediterráneo está presidido por uno enorme laberinto de 7000 metros cuadrados, donde el reto es llegar al árbol que se ubica en medio del trazado. La Zona Humeda aprovecha la fuente de agua natural para generar un estanque natural, mientras que el Bosque continúa el pinar que después se extiende por toda la sierra.

Para finalizar la excursión es imperdible visitar el jardín secreto, un rincón perfecto para descansar, meditar y desconectar. Cierra los ojos y oye el murmullo de la cascada; al abrirlos, disfrutarás de un estanque lleno de peces y plantas acuáticas. Aunque la auténtica estrella de la Casa Tápena seguramente sea su laberinto. El laberinto de Casa Tápena en Onil ocupa 7.000 m2 y es un auténtico oasis de tranquilidad. Está formado por cipreses y adentrarse en él significa disfrutar de un agradable paseo en el que te sentirás como si estuvieras dentro de una película.

Un Jardín Botánico consagrado a la ciencia

La Estación Biológica de Torretes fue fundada por la Universidad de Alacnat y el Ayuntamiento de Ibi hace este año veinte años. Considerado oficialmente jardín botánico desde el pasado año, Torretes contribuye a la conservación de la flora Amenazada Valenciana, manteniendo vivas un tercio de las especies amenazadas de nuestro territorio y constituyendo un punto de recarga de estas especies para evitar su extinción. Pero también quiere preservar aquellas plantas útiles, manteniendo o recuperando los usos tradicionales que pueden servir de motor económico a través del turismo y la gastronomía local. El jardín preserva especies únicas como las criptógamas, que se reproducen por esporas, lirios, narcisos, angiospermas, rosales y un pinar.

Las características especiales de la Estación, junto con los objetivos, transformaciones, actividades, e inversiones, han hecho posible que la Estación se haya convertido en un importante polo de atracción para los estudios de Biodiversidad en todo el Arco Mediterráneo occidental, tanto desde un punto de vista puramente científico, como desde la óptica de la divulgación y la educación medioambiental.

Un rincón romanticista a los pies de la Aitana

Entre la Serrella y Aitana, el río Penáguila riega este jardín diseñado por Joaquim Rico Soler. El terrateniente del pueblo, descendiente del obispo de Teruel en el siglo XVIII, fundó este conjunto en 1840 en su finca. Es una de las arquitecturas más romanticistas del sur. El pabellón de entrada es un edificio neoclásico alrededor del cual se ubica el estanque, el bosque, el laberinto, la pajarería, las estatuas de Venus, el mirador y la gruta de estalactitas, elementos todos tomados del estilo más singular del siglo XIX.

Árboles seculares, plantas hornamentales, fuentes y acequias, arbustos de la zona, maravillosos parterres, esculturas esculpidas en la roca y cuevas mitológicas ayudan a evocar diferentes leyendas e historias ambientadas dos siglos atrás.

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