Alicante parece extenderse como un tablero en movimiento con avenidas cada vez más tensionadas por el crecimiento urbano, el turismo y la movilidad diaria. Los barrios se expanden, se crean nuevas zonas residenciales y el Ayuntamiento intenta definir cómo será la ciudad de las próximas décadas. Antonio Peral, concejal de Urbanismo, Medio Ambiente, Innovación y Agenda Digital, recibe a iAmbiente.es para explicar la presente planificación de un futuro que aboga por la tecnología, la digitalización y la sostenibilidad como ejes del modelo urbanístico.
“Estamos hablando de una ciudad que hace apenas unos años rondaba los 330.000 habitantes y que se está acercando a los 400.000”, explica el edil. “Eso obliga a tomar decisiones rápidas, pero también muy bien pensadas”, afirma. Así que es obligado avanzar en la inteligencia artificial municipal, sensores urbanos, movilidad inteligente, fondos europeos y el gran proyecto político y urbanístico de esta legislatura, que es el Plan General Estructural.
La Administración digital que no quiere dejar a nadie atrás
Para Peral, la innovación no empieza con grandes titulares tecnológicos, sino con algo mucho más cotidiano: la relación entre el ciudadano y la Administración. “La transformación de los procesos administrativos es lo que realmente va a permitir ofrecer un servicio público de calidad”, afirma el concejal. “Estamos trabajando en simplificar trámites urbanísticos y procedimientos de Bienestar Social para hacerlos más rápidos y más fáciles”, añade.
El Ayuntamiento ha puesto en marcha distintos proyectos de modernización administrativa orientados a reducir burocracia y agilizar procedimientos. Pero el concejal insiste en un matiz que repite varias veces durante la entrevista: la digitalización no puede convertirse en una barrera. “Mucha gente todavía siente respeto por la tecnología”, reconoce.
“Especialmente las personas mayores; hay quien piensa que va a tocar un botón y estropearlo todo”, describe. Por eso, asegura, el modelo que busca Alicante es híbrido: administración electrónica, sí, pero manteniendo sistemas accesibles y acompañamiento humano. Esa visión ha llevado al Ayuntamiento a desarrollar herramientas de asistencia digital apoyadas en inteligencia artificial.
Una de ellas funciona como un gestor municipal capaz de orientar al ciudadano en la búsqueda de trámites, documentación o información administrativa. “Fuimos uno de los primeros ayuntamientos en poner en marcha algo así”, explica. “La dificultad no era solo tecnológica. La clave estaba en definir exactamente qué podía hacer la herramienta y qué límites debía tener”, recuerda.
El proyecto se desarrolló mediante fórmulas de compra pública innovadora en las que participaron más de treinta empresas tecnológicas. Según Peral, una de las discusiones más importantes giró alrededor de la protección de datos y del alojamiento de la información municipal. “Había empresas que defendían determinadas soluciones en la nube y otras que no, pero nosotros teníamos claro que la seguridad de la información municipal era prioritaria”, afirma.
Así, en un momento en el que las administraciones públicas aceleran procesos de digitalización impulsados por la inteligencia artificial, Alicante se posiciona como un laboratorio de innovación urbana aplicada a servicios públicos.
Sensores, cámaras y movilidad inteligente
La movilidad es otro de los ámbitos donde el Ayuntamiento quiere reforzar su imagen de ciudad inteligente. Peral describe una red de sensores y cámaras capaces de ofrecer información en tiempo real sobre tráfico y aparcamiento. El objetivo, asegura, no es solo mejorar la circulación, sino también reducir emisiones y consumo energético. “Cuando una persona encuentra aparcamiento antes o utiliza la ruta más eficiente, está consumiendo menos combustible”, explica. “La tecnología también es sostenibilidad”, destaca el concejal.
El sistema permite analizar flujos de tráfico y orientar itinerarios urbanos utilizando información propia de la ciudad. Todo ello, insiste el concejal, bajo protocolos muy estrictos de protección de datos. “Las cámaras tienen funciones perfectamente definidas y no pueden utilizarse para cualquier cosa; los límites están muy claros”, recalca.
La estrategia encaja con el modelo de smart city que Alicante lleva años intentando consolidar: una ciudad conectada, sensorizada y capaz de utilizar datos urbanos para gestionar servicios públicos. Sin embargo, el reto no es pequeño. Alicante mantiene problemas estructurales relacionados con movilidad, congestión y presión turística, especialmente en determinadas épocas del año. En ese contexto, la digitalización aparece como una herramienta de gestión, pero también como una forma de responder al crecimiento acelerado que vive la ciudad.

Fondos europeos: el combustible de la transformación
Si hay un elemento que atraviesa todos los ámbitos es el papel de la financiación europea. “Los fondos europeos han sido absolutamente decisivos”, admite Peral sin rodeos. Y es que muchas de las actuaciones urbanas, proyectos de movilidad y procesos de rehabilitación desarrollados en Alicante durante los últimos años están vinculados a financiación procedente de Europa.
El concejal menciona intervenciones en avenidas, barrios y espacios urbanos estratégicos que han permitido acelerar obras de modernización y renovación urbana. “Sin esos fondos, muchos proyectos habrían tardado muchísimo más tiempo en ejecutarse”, reconoce. La relación entre sostenibilidad urbana y financiación europea se ha convertido en uno de los principales motores de transformación de muchas ciudades españolas y Alicante no es una excepción.
Movilidad sostenible, digitalización administrativa, eficiencia energética y recuperación de espacios urbanos forman parte de una agenda urbana alineada con los objetivos europeos de transición ecológica. Pero la gran cuestión es qué ocurrirá cuando esa financiación extraordinaria reduzca intensidad. Ahí es donde el Ayuntamiento sitúa buena parte de sus expectativas en la planificación urbanística y en la capacidad de atraer inversión privada ligada al futuro crecimiento urbano.
El gran reto: crecer sin perder calidad de vida
Alicante vive un momento de expansión. El aumento de población, el auge turístico y la presión inmobiliaria están obligando a redefinir el modelo de ciudad. Y esa redefinición pasa inevitablemente por el urbanismo. “El gran reto es compatibilizar crecimiento y sostenibilidad”, resume Peral. Y la respuesta del Ayuntamiento pasa por una combinación de nuevos desarrollos urbanísticos, infraestructuras y creación de zonas verdes.
Uno de los proyectos más ambiciosos es la creación de un gran anillo verde que conecte parques forestales y espacios naturales alrededor de la ciudad. “Queremos conectar toda la periferia urbana con los principales entornos verdes de Alicante”, explica. La idea encaja con las nuevas tendencias urbanísticas orientadas a integrar naturaleza y ciudad, especialmente en entornos mediterráneos cada vez más afectados por episodios de calor extremo y estrés climático.
La renaturalización urbana ya no se plantea únicamente como una cuestión estética o ambiental, sino como una infraestructura estratégica de adaptación climática. Alicante, además, se enfrenta a un contexto especialmente sensible por su clima, su densidad urbana y la presión estacional derivada del turismo. Por eso, Peral insiste en la necesidad de planificar el crecimiento con una visión de largo plazo. “Necesitamos más infraestructuras, más equipamientos, mejores conexiones y más servicios públicos”, afirma.
El Plan General Estructural: la gran pieza política y urbanística
A medida que avanza la conversación, queda claro que todo desemboca en el mismo punto: el futuro Plan General Estructural. Peral lo presenta como la gran herramienta que definirá cómo crecerá Alicante durante las próximas décadas. “Es el proyecto clave de esta legislatura”, afirma. “El documento que permitirá convertir en realidad todos los desarrollos urbanos y ambientales de los que estamos hablando”.
El Ayuntamiento trabaja actualmente en procesos de participación y diseño vinculados a ese nuevo marco urbanístico. El objetivo, según explica el concejal, es evitar crecimientos desordenados y distribuir mejor infraestructuras, servicios y zonas residenciales. También busca generar seguridad jurídica y estabilidad para atraer inversión. “Cuando apruebas un plan estructural das confianza a empresarios, promotores, asociaciones y vecinos”, sostiene.
En realidad, el mensaje político de fondo es que Alicante quiere prepararse para una nueva etapa de expansión urbana y necesita un marco capaz de ordenar ese crecimiento. La ciudad arrastra desde hace años debates urbanísticos complejos relacionados con vivienda, movilidad, sostenibilidad y presión turística, así que el nuevo plan pretende convertirse en la hoja de ruta que articule todos esos elementos.
Turismo, internacionalización y regulación
Otro de los asuntos que emerge durante la entrevista es la creciente internacionalización de Alicante. “El turismo es una gran oportunidad, pero necesita regulación”, afirma Peral. La ciudad vive una etapa de fuerte atracción turística y residencial internacional. Ese fenómeno genera actividad económica, pero también tensiones relacionadas con vivienda, movilidad y convivencia urbana. “Hay cuestiones que se habían descontrolado bastante y estamos trabajando para ordenarlas”, reconoce.
El reto, una vez más, consiste en equilibrar crecimiento económico y calidad de vida. En una ciudad mediterránea donde el turismo se ha convertido en uno de los principales motores económicos, la sostenibilidad urbana implica gestionar espacio público, movilidad, acceso a vivienda y cohesión social.
