La Marjal quiere aprender a fomentar más biodiversidad gracias a la cuarentena

«Los animales están muy a gusto sin nosotros», bromea Jana Marco. Y lo cuenta a propósito del parque inundable de La Marjal, donde la fauna ha aprovechado la ausencia humana para acomodarse mejor. Del confinamiento obligatorio por el coronavirus a las primeras salidas que permiten las autoridades han pasado seis semanas. Y este tiempo abre una nueva visión de cómo estimular más aún la biodiversidad en los espacios verdes situados en zonas urbanas.

Marco ha pasado este tiempo cumpliendo la cuarentena en su piso cerca de La Marjal, en la Playa de San Juan, donde lleva un proyecto de anillamiento. Desde su ventana, esta ornitóloga ha seguido interesándose por las aves, como muchos de sus compañeros. «Y he estado observando cómo transcurría la primavera y la migración», cuenta risueña, «y me consta que mucha gente del mundo ha hecho lo mismo, como en el grupo Viendo aves desde casa covid-19, con gente de todas partes del territorio nacional: Galicia, Canarias a Alicante. Todos hemos observado que los pájaros han seguido su migración natural. Y me hace gracia pensar que mucho estarían atónitos ante la falta de gente».

A David Santacreu Fernández es de los pocos que han podido ver con regularidad en este tiempo. Su labor en el área de Desarrollo Sostenible de Aguas de Alicante le ha llevado al menos una vez a la semana a comprobar el buen estado de las instalaciones. Así, ha visto «el aumento de especies más agrestes o desconfiadas como las palomas torcaces y que las hierbas han crecido un poco más y los patos se han adentrado más tierra adentro de lo normal». Sin jardineros que recortaran el césped, las hierbas han crecido de forma natural. Y eso lo han aprovechado estos mientras exploraban el terreno más allá de la orilla de la laguna.

Fotos de Elías Gomis.

Cría sobre ultrasonidos

Los dos técnicos celebran la curiosa decisión de una pareja de zampullines que ha decidido anidar sobre la plataforma flotante de las máquinas de ultrasonidos. Estos dispositivos, que se utilizan para evitar que crezcan más algas de las deseadas, se han convertido en la base para que estas aves acuáticas críen. Es la prueba, apuntan, de que los animales aprovechan nuestra ausencia para seguir con su vida. Para Marco es también una sugerencia que se podría estudiar para que el próximo año se habiliten boyas similares que cumplan esta función.

Aprender cómo se ha comportado la fauna en este breve tiempo sirve para plantear el futuro. Santacreu Fernández vuelve a referirse a la hierba como ejemplo de una nueva perspectiva. «En nuestras instalaciones sí que dejamos puntos, en zonas acotadas, donde pueda crecer la hierba de forma más salvaje para que así se fomente la biodiversidad», explica. Y su intención sería fomentarlo en La Marjal porque donde se deja que la hierba crezca de forma natural se crean espacios de descanso que aprovechan las especies.

Focha aprovechando para pasturar por el césped de La Marjal. Foto: Jana Marco

El ciclo sin fin

Que el ciclo de la vida se enriquezca en este parque alicantino no se traduce en un paisaje donde todos los animales convivan en armonía. Depredadores y presas ejercen sus papeles también en un parque urbano. Si durante la cuarentena se han visto más tipos más comunes como estorninos, gorriones o urracas hasta otras como curruca carrasqueña, mosquitero musical, papamoscas gris, también han llegado otras como la gaviota patiamarilla.

Juan Luis Berasaluce se encarga del área de medioambiente del Ayuntamiento de Alicante y avanza que han contactado con la Conselleria para actuar sobre esta última especie. «Se ha formado una colonia de gaviotas patiamarilla que ha anidado a la isla central y pone en peligro a las crías de zampullines», indica. Con la ayuda de la Generalitat esperan capturarlas «para que no proliferen demasiado y se coman los huevos o las crías».

Cuidado con los invasores

A Santacreu Fernández le preocupan otras especies invasoras. «Hay que insistir en que la gente no suelte sus mascotas, como peces tipo carpas o la tortuga de Florida, que no deben estar ahí y llenan el entorno». Su comportamiento extremadamente agresivo supone un peligro para los otros peces de la laguna, subraya. Lo que implica «un trabajo enorme para extraerlos de allí».

Compitan unas u otras, Marco y Santacreu Fernández destacan en el día mundial de las aves migratorias que se celebra este sábado 9 de mayo, el que un parque urbano haya atraído a más especies en este tiempo. La ornitóloga pone de ejemplo la presencia de carricero común. De este pudo escuchar hasta a tres machos diferentes en su primera visita a La Marjal en su reapertura al público. «Es muy interesante porque suele criar en el Hondo, que es un parque natural, pero que críe en la ciudad demuestra que el parque está bien gestionado».

Añadir comentario