Un súper año para cuidar la biodiversidad y preservar la vida humana

«Al amenazar la biodiversidad, la humanidad está amenazando las condiciones para su propia supervivencia«. Esa es una de las conclusiones del foro Unesco sobre biodiversidad celebrado recientemente. La directora general de este organismo de las Naciones Unidas, Audrey Azoulay, ha sido clara al respecto: «La pandemia demostró que la salud humana depende de la salud de los seres vivos».

Con la contundencia de ese mensaje de Azoulay ha llegado otro de igual relevancia. Es «imperativo repensar nuestros modelos de desarrollo». Y no es que desde sus diversos altavoces, la ONU no haya alertado de este problema en los últimos años.

En el caso de la entidad que dirige Azoulay, ya son cincuenta años desde que se lanzara el programa El hombre y la biosfera (MAB) de la Unesco. Con esta línea se planteaba la necesidad de habilitar territorios donde se pudieran crear nuevas formas de mejorar la relación de la humanidad con la biodiversidad.

«Cincuenta años después, esta visión ya no es una mera teoría», ha subrayado. La prueba de ello la aporta con las «275 millones de personas que viven en las 714 reservas de biosfera de la Unesco en 129 países». Unas cifras contundentes a las que suma los 252 sitios del Patrimonio Mundial y geoparques. Con ello, «el seis por ciento de la masa terrestre del mundo, equivalente a la superficie de China, está protegida».

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2021, un súper año para lograrlo

El camino ya recorrido en la protección de la biodiversidad aún tiene mucho por delante. Con 2021 calificado como súper año para la biodiversidad, la Unesco se unirá a sus socios para establecer nuevos objetivos para la próxima década. «Tenemos muchos otros hitos importantes por delante, y este Foro de la UNESCO pretende ser una plataforma de lanzamiento para estos importantes eventos», ha indicado.

Entre esas grandes citas están el Congreso Mundial de la Naturaleza de la UICN en Marsella, la cumbre climática COP26 en Glasgow y la convención de biodiversidad COP15, en Kunming. En todas ellas tiene especial importancia el cuidado del mar, ya que con las ciencias oceánicas trabajan «para reconstruir la relación de las humanidades con la naturaleza y los seres vivos».

«Nuestro objetivo es preservar el 30 por ciento del planeta en áreas protegidas», ha subrayado Azoulay. Y con eso ha explicado que cuidar el planeta significa preservar el clima, proteger la biodiversidad y luchar contra el deterioro de la salud de los océanos.

Esta última está marcada como otra prioridad de la Unesco. A principios de 2021, ya se declaró que estamos en la Década de las Ciencias Oceánicas de las Naciones Unidas. «Ahora tenemos diez años para comprender mejor y preservar el océano, para reformar la relación entre los seres humanos y los mares», ha señalado. En ese camino, el objetivo es «dar pasos importantes hacia la protección de la biodiversidad y el medio».

Mantener la biodiversidad en los océanos es una de las metas que se marcan en la Unesco. Foto: Marcos Paulo Prado

Voces en favor de nuevas alianzas

Azoulay tiene claro que para conseguir estos objetivos hay que estar unidos. «Necesitamos un compromiso colectivo, que una a la sociedad civil y al sector privado», ha destacado en este foro. Y no es la única voz en este sentido.

Muchas otras luminarias prestaron sus voces para amplificar la urgencia de la situación, incluido el Papa Francisco. En su intervención ha instado a ver el cambio climático como «una cuestión mucho más moral que técnica». Ese cambio de perspectiva también es una prioridad para Jane Goodall. La Mensajera de la Paz de la ONU ha recalcado que es necesario «desarrollar una nueva relación con el mundo natural y una nueva relación con los animales».

La defensora de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, Hindou Oumarou Ibrahim, ha alertado que «si nuestro medio desaparece, quiénes somos, nuestra identidad y nuestra forma de vida desaparecerán con él». Y el enviado especial de la ONU para los océanos, Peter Thomson, ha concluido que «no podemos tener un planeta sano sin un océano sano».

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